Amor de otoño, amor loco en Logroño

 

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Una vez, al principio de llegar a la casa, se me ocurrió dejar la ventana abierta para ventilar un poco. Buenísima idea, salvo cuando se combina con dejarse un trozo de delicioso jamón encima de la cómoda. La cuidadosa envoltura y el poco rato que estuvo allí hasta que decidí qué hacer con él no impidieron que esa misma tarde el jamón apareciese saboteado por dos lados diferentes, el plástico roído y la carne mancillada. Enseguida se me ocurrió culpar a la pobre perreta de tres patas que tanto ha sufrido, y me dediqué a mirarla con una curiosa mezcla de desprecio por su presunta felonía y admiración por haber sido capaz, aún tullida, de saltar sus buenos 90 cm para alcanzar el glorioso ibérico.

No tardé demasiado en perdonarla. Al poco de este suceso, recibí una visita reveladora de uno de los gatos rondadores de mi calle, de esos con collar y muy poca vergüenza -aquí no hay gatos callejeros, sólo gatos caseros y mimados, pero aventureros-.

El gatete acosando a la vecina jubilada

Hallábame yo degustando unas rebanadas de pan con jamón y mostaza cuando el pérfido felino, al que ya conocía de vista, se acercó a mi ventana. La cara de circunstancias que traía no me dejó más opción que abrirle las puertas de mi corazón y mis aposentos. Husmeó, paseó y exploró debajo de la cama para a continuación salir cubierto de motas gordas de polvo -en mi defensa debo decir que es una cama tipo nido con cajoneras debajo que impiden aspirar las suciedades-, dura expedición con la que debió entrarle el hambre. Fue así como decidió que la mejor solución sería asaltar mis jamones son amores, ignorante del peligro que ello supondría para su integridad.

No me gusta pegar a los animales y mucho menos a un gato, pero cuando se trata de vituallas la balanza se inclina en contra de las bestezuelas. Y esta en concreto cometió el error de preparar su salto con demasiada antelación, con lo cual no tuve problemas para placarlo y devolverlo al suelo. Mohíno y cariacontecido, se marchó. Aún así, siempre que me preparo algo parecido se persona ante mi ventana, tenaz. Tiene un olfato que ni los cerdos buscando trufas.

Feed me

Quiere la mala suerte que no me haya venido a ver en los últimos fías, puesto que se lo habría pasado en grande masajeando toda la ropa que tenía esparcida por el suelo, en busca del sitio perfecto para despatarrarse. Me hallaba haciendo balance de qué lavar y qué no lavar/qué llevar y qué no llevar para mi muy próxima incursión en tierras más cálidas este jueves ya. Por desgracia, apenas pasaré por Barcelona un día y medio: la mayor parte del tiempo estaré culebreando full-time por Sitges y sufriendo vicisitudes festivaleras masoquísticas. Huelga decir que me muero de ganicas; sin embargo, los últimos días por aquí están siendo caotiquitos entre las preparaciones logísticas y psicológicas y el resto de mi vida, que además del trabajo ahora incluye madre locuela de visita otoñal.

Doreen contempla el atardecer

Doreen contempla el atardecer

Al menos, esto representa más un alivio que una carga. Pero claro, tanto tiempo de pendoneo familiar provoca que uno postergue sus obligaciones y eso no puede ser. Al menos pude lavar y secar la ropa ante la atenta mirada de las chicas Gomis, que por fín visitaron juntas el hogar apenas unos minutos. Besuquearon a mi casera y fueron ninguneadas por el hijo pequeño, mientras contemplaban maravilladas el jardín. Luego me dieron ánimos y nos fuimos a pasear para hacer hambre.

El caso es que estoy apurando las últimas horas antes de salir y yo pensaba que me daría por hacer profundos balances, pero no. He embutido la mitad de mi armario en un petate, constreñida y en grave peligro de verme obligado a pregonar “la arruga es bella”, pero volveré como un señor facturando maleta y el resto de mi ropa -la que abandoné por no tener espacio cuando me fui-, con la que me reencontraré entre lágrimas mañana. Ahí es nada.

octubre 9, 2013. Actualitat, Vintás. 1 comentario.

Después de un amor ingrato, me meto el dedo en el chocho y lo dejo ahí un rato

Hace más de dos semanas que me mudé a un lugar nuevo. Con muchas ventajas, como vivir lejos de mi hermana y así quererla más. Es una casa de tres plantas dividida en varios apartamentos. Mi casera, sus dos hijos adolescentes y yo ocupamos la planta baja y el sótano, pero esto, al contrario de lo que pudiera parecer, no supone un drama en absoluto. Por lo pronto tenemos todo el jardín para nosotros, para una tortuga de 15 cm de largo y para una perreta de tres patas que responde al nombre de Molly. Y un montón de arañas supersimpáticas de patas finas y largas que pueblan el jardín y se deshacen de bichos intrusos sin molestar a nadie.

La señora casera me alquila una habitación la mar de maja, grande y luminosa. Me ha asegurado que esto último se debe a una pintura especial que refleja la luz de forma que blablabla. Aún no le he puesto pósters pero estoy haciendo acopio de revistas VICE y demás para crear bonitas láminas pop. Ya se me ocurrirá algo para la decoración, más bien escasa.

La casera es una mujer de la edad de mis padres, moderna como ellos, divorciada y con dos hijos (nene y nena). Se dedica al mundo de la peluquería y la asistencia a domicilio, aunque numerosos detalles me hacen sospechar que su juventud debió resultar de todo menos apacible. Por lo visto, estuvo metida en el audiovisual y trabajó en videoclips de los Rolling Stones. Luego tuvo hijos y dejó de lado la vida disipada de la gran ciudad para trasladarse a esta suerte de Londres-sur-mer/Benidorm-con-hipsters, donde dejó de asistir a fiestas ataviada con shorts de cuero y sostenes pintados con caucho -esto no me lo he inventado yo, que me ha enseñado fotos- para ejercer de madre. Es pues una mujer sencilla pero con gran personalidad y un aspecto que recuerda a la sensualidad madura de Susan Sarandon.

En numerosas tardes nos encontramos en la cocina y me cuenta sus vicisitudes. Trabaja de sol a sol, dirige el hogar y educa a sus nenes, pero no puedo decir que se aburra en su vida de ama de casa. En este momento se encuentra en transición entre dos hombres. Se ve que lo iba a dejar todo por un señor de la capital, pero la distancia y el tiempo desgastaron la relación hasta tal punto que empezó a no verle remedio al percal ni sentido a tanto sacrificio. En un momento tan propicio la atacó por sorpresa un amor de juventud, de orígen serbio para más señas, que la encontró a través del Facebook, el mail o algo más o menos así de peliculero. Y ahora los dos están viviendo una segunda adolescencia llena de amor y lujuria con sensatez, de pasiones desatadas y reflexión consciente acerca del futuro que les espera. Y es complicado, porque el hombre este de los balcanes -cuyo nombre recuerdo porque es algo así como queso en gallego- quiere volver a Belgrado o alguna otra ciudad gris de la vieja Europa, pero pretende llevarse a mi casera y a los chiquillos con él. Ella ha decidido pensárselo un tiempo antes de hacer nada demasiado drástico, aunque el brillo en sus ojos cuando habla de esto la delata: se muere de ganas de sucumbir.

La hija mayor, cómo no, se ha dado prisa en oponerse tajantemente, la muy inconsciente. A pesar de ser madura y un rato centrada -hablamos de una loca de los cómics que va a estudiar literatura y cuyo novio adolescente tiene el beneplácito materno para pernoctar en el hogar y todo- es aún demasiado joven para darse cuenta, o eso parece, de que hay todo un mundo ahí afuera más allá de su instituto y el pueblo este grande lleno de cultura. Que yo la comprendo, puesto que una experiencia así, que te marca muchísimo y la acabas valorando como una gran oportunidad para abrir tu mente, no la valoras como tal hasta que no han pasado unos cuantos años y lo sabes ver en perspectiva. Más o menos como yo ahora con mis vicisitudes y mis quisicosas; porque por mucho que ya lo sepa, aún tardaré en ser realmente consciente de lo positivo que es este cambio.

Pelos largos uñas largas tetas gordas

El niño pequeño creo que no sabe nada. Al parecer, padece algún tipo de discapacidad a caballo entre el autismo, el Asperger y otros síndromes igual de entretenidos, pero la realidad es que se limita a actuar de forma algo más infantil de lo que le correspondería y nada más. Supongo que habrá muchas más complicaciones, pero yo me limito a saludarle y a alabar su recién descubierta pasión por la música disco, con lo cual no lo sufro tanto como su madre -salvo los días de lluvia que se meten en el salón a bailar al son del YMCA, el We are family y muchos otros grandes éxitos Disco de ayer y hoy, porque retumba un poco-.

Pero vamos, que en general son felices y algo de eso se me pegará. Hace dos noches llegué a casa y me encontré a la madre tomando vinos y fumando en la cocina con una amiga de la adolescencia, ambas con las mejillas rosadas y hablando de hombres. Como yo había tenido mi ración de sidras, me senté encantado con ellas a cenar algo y parlotear un ratín antes de dormir. Fue ahí cuando me confesó lo contenta que estaba conmigo y lo mucho que sentía que habíamos conectado, en plan amigas. No me importó que fuera el entusiasmo del vino el que hablaba por ella, puesto que yo me fui a la cama con mi merecida sensación de calidez. Y con la impresión de que esta vez no tardaría tanto en adaptarme a mi nuevo hogar.

septiembre 23, 2013. Uncategorized. 1 comentario.

En lo alto vive, en lo alto mora. En lo alto teje la tejedora.

Anteayer camino del trabajo tuve un encuentro la mar de extraño. Ahora en realidad no me lo parece tanto, pero en el momento me quedó una sensación de ignominia recorriéndome el cuerpo que me tuvo sacando conclusiones al respecto durante toda la mañana.

Pero pongámonos en antecedentes. Nada más puse un pie en Inglaterra me prometí a mí mismo que, pasara lo que pasara, no llevaría a cabo ningún tipo de estrategia para conocer a gente nueva que no implicase contacto real y genuino. Esto es, amistades y romances no podrían empezar de forma virtual en redes sociales para invertidos. Ni que decir tiene que toda mi estirpe ha sido deshonrada, puesto que no aguanté ni dos semanas en traicionarme y romper este noble propósito propio de gente madura y gozosa de salud mental. El caso es que fui haciendo el monguer de forma sorprendentemente sabia, conociendo a gentes que valían mucho la pena y teniéndolos como amiguetes recurrentes para un paseo en bici, unos copazos nocturnos o sesiones de pasta, vino y TV. Hasta aquí todo bien.

Hay gente que ha nacido para complicarse la vida. No me refiero a aquellos que acostumbran a verse metidos en situaciones disparatadas debido a su bravura y a su ánimo de experimentar aventuras a toda costa, puesto que estos lo hacen encantados y muy conscientes de que se ríen de los peligros, todo con tal de vivir intensamente y seguir pasándoselo teta. Nah. Yo hablo de todas esas personas del montón cuyas preocupaciones vienen determinadas por su nivel de satisfacción en otras materias, lo que viene siendo la pirámide de Maslow de toda la vida: si no es absolutamente necesario, no se van a meter en líos. Hasta que no se aseguren de que van a comer caliente el resto de la semana seguramente no se planteen ir a a la peluquería a hacerse unas mechas. El problema sobreviene cuando te decepciona el resultado: las mechas no te sientan tan bien como a las supermodelos debido a tu difícil estructura ósea, y tu pelo está muy castigado como para intentar arreglarlo con otro tinte. Te toca llorar ante el espejo o raparte y llorar ante el espejo. En ese momento, con las lágrimas irritando tus mejillas, colándose amargamente entre tus labios junto a algún moco furtivo producto del llanto y arruinándote tu ya de por sí ruinoso maquillaje, piensas en la época en que no tenías nada de comer y te das cuenta de lo feliz que eras cuando no te rendías a los dictados de la moda y podías ser tú misma. Pobre y hambrienta, fea pero limpia. Y con Internet, que es la base de la pirámide. ¿Por qué no pudiste conformarte con lo básico?

Pero ¿por qué?

¿Por qué? ¿Por qué?

Así es como me las prometía yo muy felices ante el bonito despliegue de poder adquisitivo y limitado tiempo libre al que me someten mis nuevos trabajos en la zona. ¡Cuanta felicidad! -pensaba yo, iluso de mi, olvidando que las necesidades cubiertas traen otras nuevas; a rey muerto, a rey puesto. Así que ni corto ni perezoso se me ocurrió quedar, como quien no quiere la cosa, con otro mozo de esos nocturnos, medio italiano, para más señas. Con la idea de “tomar algo y si eso cenar”. Cuando me marchaba de su casa 23 horas después, bajo la llovizna y con la impresión de haberme excedido en la compañía hasta el hartazgo, ya intuí que aquello no seguiría un camino espontáneo y feliz.

Este oscuro pensamiento se reveló premonitorio al día siguiente, cuando mi frívola amistad con el polaco de los dientes rotos me satisfizo poco o nada durante una accidentada velada en una fiesta. Tan sólo destacaré que me escapé mientras todos dormían, reafirmándome una y otra vez en mi intención de no volver a acercarme al vodka mientras viva.

Ignoro si son actos del todo aislados o, efectivamente, la suma de ambos colmó mi paciencia. Pero tras sobrevivir a tan ajetreado fin de semana comencé a preguntarme cuándo cobrarían todos mis actos algo de sentido y relevancia. Es divertido hacer el tonto durante un tiempo, incluso durante varios lustros, pero debo admitir que me cansa que nada parezca conllevar verdaderas consecuencias. Y esa es una preocupación que antes no tenía, para bien o para mal.

Dejando un poco de lado la angustia existencial y demás fruslerías, retomo la narración. Pedaleaba yo en dirección al centro de Brighton por London Road, pensando en musarañas y otros mustélidos mientras, como decía, me dirigía al trabajo. Era otro puto día gris y los taxistas y conductores de autobús ejercían a la perfección su papel de villanos asesinos de ciclistas. Entonces vi que alguien me saludaba desde la acera. El medio italiano. Aminoré y me acerqué a saludarlo con cierto recelo, típica reacción de amantes pasajeros. Una rápida ojeada me hizo desconfiar aún más de él, pues presentaba todos los ingredientes para que intuyese que le había pasado un camión por encima o que había dormido vestido -si es que había dormido- : ojos rojos y cansados, en un rostro demacrado al que tan sólo le faltaba un herpes que probablemente le salió pocos minutos después, ropa desaliñada y mal combinada y un paquete de café en las manos. Me observó como observa el malo de las series al bueno al que creía muerto, puesto que él mismo lo mandó asesinar. Debió figurarse que tan dantesca imagen merecería una explicación, e intentó balbucearla, pero no logré descifrarla, ocupado como estaba en fijarme de nuevo en la anodina dentadura que tan poco me había impresionado cuando lo conocí. Tras proferir una o dos veleidades más conseguimos despedirnos de forma amigable y proseguir con nuestras rutas.

Fue entonces cuando me asaltaron los sentimientos encontrados y la angustia existencial de forma un poco más explícita. No es que me haya convertido en una mujer vieja de repente, pero a veces me pregunto si de verdad tengo edad como para meterme en esta clase de persecuciones sentimentales y amistosas, en las que todos los implicados terminan sintiéndose gilipollas porque nadie es capaz de comportarse de forma despreocupada tras haber pasado por cama. O precisamente porque al no pasar por cama, como con el polaco tonto, la tensión se acumula. Vamos, que estaba más tranquilo como ente superficial tumbado al sol.

Y volveré a estarlo pronto. A pesar de que no vaya a volver a ver el sol hasta mayo del 2014.


El título no es casual. De repente, le tengo mucho cariño a nuestras amigas, las arañas. ¡Otro día explicaré por qué!

septiembre 14, 2013. Uncategorized, Vintás. Deja un comentario.

Polonia

Una de las cosas que más me gustan de vivir fuera son las constantes novedades. La incertidumbre que podría tornarse horror vacui se convierte en un escaparate de oportunidades y descubrimientos.

Pues sin comerlo ni beberlo, de repente tengo un nuevo amigo, polaco esta vez. El chico es callado y sencillo, aunque por supuesto eso no es más que una máscara cultural que oculta una vida plagada de excesos y experiencias sórdidas. Por lo pronto es fetichista de la ropa deportiva y los señores grandes. Esto me descarta de sus preferencias, aunque es verdad que al principio me envió algunas fotos de su pene, por motivos que aún desconozco puesto que nunca lo llegó a usar conmigo ni a sugerir que quisiera hacerlo en serio. Con él es fácil dejarse llevar por lo superficial, y yo no fui distinto. En realidad es lo que hago siempre que conozco a alguien, supongo que para evitar la frustración que podría surgir cuando no le resultas interesante a alguien que sí te lo resulta a ti.

Sí, el Lomo

El Lomo

Sin embargo, ya no lo veo como un trozo de carne, a pesar de que me resulta atracativo. Ahora me fijo más en los detalles, como su pelo, sus cicatrices -parecen de haberse peleado con un irlandés o un perro de presa pero se las hizo cocinando en el Kentucky Fried Chicken-  y su pintoresca dentadura. Tiene unos dientes terribles que le dan más encanto del que podrían quitarle, por esa imagen de bestia de la Europa del Este que posee. Hoy me explicó que perdió un trozo de diente un día que estaba bajo la influencia de muchas cosas e intentó comerse una mesa de madera. También me dijo que estaba resfriado y con malestar tipo gripe, síntomas que había decidido combatir tomando 20 paracetamoles en todo el día. A veces no sé si es un burro y un cafre o me toma el pelo. Al fín y al cabo, el semblante frío y lo poco que lo conozco dificultan la labor de entrever qué demonios le pasará por la cabeza. En una ocasión hice una broma muy tonta -nuestras charlas no son muy profundas, porque me temo que no siempre entiendo lo que me dice aunque él siempre me entiende a mi- y le saqué una risa en forma de gritito agudo que me heló la sangre. Pero siempre me invita al cine con unos pases especiales que tiene rollo tarifa plana y eso lo compensa todo. Friends forever.

En otro orden de cosas, y contrariamente a lo que uno podría suponer, no fue en los inicios cuando más dura me resultó la experiencia, sinó estos días. La falta de fe de mi hermana puede llegar a ser devastadora. Y nos gritamos y hay gresca.

Mi presencia aquí ya no supone una novedad; he dejado de ser el hermano pequeño desprotegido largamente añorado, para convertirme en un intruso -cuya felicísima actitud ante los vaivenes y contratiempos de la vida cotidiana resulta de lo más sospechosa, por inconsciente. Así que los controles se intensifican y me convierto en el blanco de las miradas escrutadoras de mis amados compis de piso, que analizan mis movimientos y les ponen su consabida etiqueta: “hoy echa CVs en la calle”, “ahora busca piso online”, “prepara la cena”, “se rasca los cojones”.

Debo admitir que comprendo su postura, puesto que ambos han sacrificado su intimidad y puesto a prueba su propia relación para que el nene tenga una base de operaciones desde la que llegar a alguna parte y ser algo en la vida. Y no debe de resultar nada agradable ver cómo alguien se aprovecha de su generosidad -ya tuvieron un inquilino compatriota que haraganeaba como si le pagasen por ello, y esto no hizo más que acrecentar su desconfianza. Pero vamos, que nada más lejos de mi intención.

Además, si sus etiquetas fueran ciertas tendría los cojones en carne viva y no es así.

agosto 29, 2013. Etiquetas: , , , , , . Actualitat, Uncategorized, Vintás. 1 comentario.

Volverán los oscuros golondrinos en tu sobaco sus nidos a colgar

Estoy un poco resfriado por la humedad, la bajada de las temperaturas y mi antológica frescura.

Como no hay mal que cien años dure, algún incauto se ha afanado a ofrecerme trabajo. Y no uno, sinó dos. De manera que dentro de poco espero me tengáis distribuyendo material deportivo a escolares sin disciplina -por las mañanas- y sirviendo cochinadas de comer y modestos copazos a sus padres -por las noches-. Todo en conjunto representará un duro golpe a mis ambiciones creativas y a los años y capitales invertidos en carreras universitarias. Whatever. El dinero es lo primero. Luego la salud.

No conocemos a la pareja, pero posan

La Lluner extasiada, con vestido de gatos, en el Gay Pride!

Así que mientras nuevas problemáticas cobran protagonismo, como procurarme una morada para los próximos meses y que no implique a la familia y a la familia política, me dedico a ahorrar. ¿Cómo? Está chupao: mediante el viejo truco de dar lástima contando mis mierdas, pero con resignación y optimismo; de esta forma los demás -me refiero a señores nocturnos de esos- terminan pensando que costear una sidra por aquí, unos cacahuetes por allá y cuatro Bacardíes dobles por acullá es idea suya. Y que les valdrá una recompensa que implique cama o de pie contra la pared, pero no. Es un poco maldad mezclada con inocencia/inconsciencia, lo juro, pero incluso yo me sorprendo de la de veces que funciona. En realidad ya no lo hago por la gratuidad, sinó por averiguar más sobre los susodichos. Los que no me invitan me gustan mucho más.

Kinesiotape a lo Great Britain

Get the look!

Los días se suceden, la vida cobra sentido y el verano termina por tener éxito en su bochornoso afán de hacernos culebrear sin descanso. Menos los días grises como el de hoy. Menuda mierda de país de contrastes de los cojones.

¡Besitos!

P.D. Un tráiler así bonico de un documental que promete.

agosto 15, 2013. Etiquetas: , , , . Actualitat, Uncategorized, Vintás. 1 comentario.

Anoche soñé que volvía a Manderlay

Por decimooctava vez este lustro, vuelvo a tomar las riendas de mi vida. Me marcho de este sofocante y sórdido lugar, donde el tiempo parece haberse detenido, cubierto por una atmósfera onírica y surrealista en la que nada de lo que sucede presenta atisbos de tener sentido alguno. En efecto, hablo de Benidorm.

Cual odalisca ejecutando una tentadora danza del vientre, mi madre desplegaba sus amorosos cuidados para que no me quisiera marchar nunca; o, al menos, que se me hiciera muy jodido cuando llegase el momento. Convaleciente como estaba, no tuve más remedio que devenir bebé gordito y dejarme agasajar. Pero eso se terminó, vamos que ya me parece algo muy lejano una semana después.

Prosigo pues lanzándome de cabeza a la burocracia y a los cansinos e innecesarios protocolos de esta extravagante nación, llena de contrastes y mucha tontería. Por el momento, tengo pendientes dos entrevistas de trabajo en establecimientos que no son McDonald’s, de lo cual, en el fondo, me alegro (y digo en el fondo porque ya me entrevistaron, pusieron a prueba y rechazaron con gran pesar para mi economía, pero no para mi dignidad). Mientras me preparo, nos dimos un descanso para visitar una zona de parque y de paso poner a trabajar los muslos, que la susodicha queda lejos de casa. Mi hermana, feliz, se dedicó a inmortalizar flores y abejorros con tesón.

Hay que ver como corro, cuando me persigue el abejorro.

Hay que ver como corro, cuando me persigue el abejorro.

Precisamente aquí celebrarán las fiesta principales del Orgullo Gayers 2013, aunque la gente pobre pasaremos de pagar entrada y nos quedaremos en el portal de casa ataviados con pelucas y saludando a los transeúntes ávidos de vivencias absurdas. Lo único que siento es perderme la actuación de las Sugababes originales, que siguen vivas y ya no se odian, o si lo hacen ya se cuidan ellas de esconderlo.

Se ve que Roseanne regenta un bar aquí.

Se ve que Roseanne regenta un bar aquí.

Las amigas quiroprácticas de mamá me recomendaron una consulta a 40 minutos de casa, con lo que me obligo a andar. Por el camino me hago el cosmopolita, como si la cosa no fuera conmigo. El primer día, cuando llegué, me encontré con la típica casita de cuento con la que los ingleses creen alcanzar el estatus que el piso de toda la vida les negaría -al final, hay tantas casas por todas partes que vivir en una tampoco es para tanto-. En el interior, varias quiroprácticas con aire marcial pero tierno, muy como de enfermeras de hospital americano de niños, se paseaban repartiendo órdenes, consejos y sonrisas a partes iguales. Con unas voces dulces y demoníacamente angelicales. Así se las gastan las británicas. Iban muy bien peinadas y maquilladas, elegantemente vestidas, pero con un sospechoso toque informal y cercano que me hizo preguntarme si no estarían preparadas para protagonizar algún reality para Divinity, de esos en los que un ama de casa infeliz es rescatada del ostracismo en cualquiera de sus muchas variantes, gracias a las artes de un grupo de expertas que fruncen el ceño todo el rato y no pueden parar de crear. No importa cuál sea el premio que persiga, el ama de casa termina invariablemente sonriendo víctima de la euforia desmedida ante los resultados, su piel cargada con suficiente maquillaje como para tres putas. Volviendo a la consulta, el segundo día, sin embargo, se notaba mucho que era viernes porque la cosa se había relajado: la recepcionista era simpática de pose, no genuina; la sesión terminó más rápido; la quiromántica no llevaba el pelo sucio, pero tal vez sí algo churretoso. Dejé de idolatrarla por su cautivadora belleza y empecé a admirarla por su sencillez.

Luego nos fuimos a tomar algo. Con motivo del Orgullo hasta los bancos decoran sus sedes con banderitas arcoirisadas, como si esto fuera semana santa o navidades. Y los invertidos de todos los rincones de la isla nos vienen a ver. Una maravilla.

Pues eso, que peace y felices veraneos para todos.

(¡el del vídeo soy yo!)

agosto 3, 2013. Etiquetas: , , , . Actualitat, Uncategorized, Vintás. 1 comentario.

Pues como era de esperar, aún me hallo haciendo el monguer.

Ya ha pasado mucho tiempo como para hacer balances de nada que no sea el hastío burocrático o la vana subida de las temperaturas. Así que me limitaré a comentar vicisitudes para actualizar a interesados y los que pasaban por allí un viernes noche.

Poco antes de cumplir tres semanas en Brighton pude decir que me acostumbré a levantarme con el sol en la cara y a los contratiempos de vivir con una pareja que no son tus padres pero casi. Así me convertí en el hijo/bebé gordito en el paro. Y es que uno desea que su nueva vida empiece pronto, pero se da cuenta de que no se lo van a poner fácil en las administraciones. Una funcionaria me llamó el día de mi cita para conseguir número de la seguridad social, mi ansiado National Insurance Number (NIN), para decirme que debido a no sé qué problema con el staff -que significa personal pero también pentagrama e incluso bastón- voy a tener que esperar dos semanas más para que me lo asignen. En la práctica, dos semanas más sin permiso para trabajar y acceder a políticas de búsqueda de empleo o de vivienda. Sinvergüenzas. Creo que hago bien cuando me imagino a las inglesas al teléfono como rollizas mujeres rubias, de grandes escotes con la marca del bikini al estilo corte de nata y fresa, que se regocijan en su crueldad dando malas noticias mientras se atragantan con bollería industrial o casera. Mirando fotos de sus perros a los que aman, o de sus hijos a los que creen amar pero toleran menos que a sus perros (en Inglaterra están obsesionados con los perros).

Ante la frustración y cara a evitar un arrebato de ira asesina me lié la manta a la cabeza y me cogí un avión a Benidorm. No salí huyendo, es que tenía que mirarme el brazo herido sí o sí, y visitar a mommy dearest. Las quiroprácticas, amigas de la familia, me han puesto unas tiras de colores de esas que sujetan el músculo y la gente no sabe muy bien si reírse o llorar cuando te las ve colocadas. Pero yo soy feliz, a la espera de los resultados de las pruebas. Hay muchos músculos que pasan por el sobaco así que hay que tomárselo con calma. En efecto, adiós a mi recién adquirida vigorexia. Y a mi dignidad en la playa.

Unas cuantas tiras más y me tenéis bailando de fondo en algún vídeo de Marisa Medina

julio 19, 2013. Uncategorized. Deja un comentario.

Que me he mudado y esto es raro de cojones

Habiendo cumplido ya una semana en Brighton, me atreveré a hacer un balance. Pero vamos, que me saldrá un poco sui generis. No esperéis mucha información útil ni espléndidas noticias.

Todo aquí avanza muy lentamente. Los días son más grises que otra cosa, aunque si caminas fuerte terminas sudando un poco, por el bochorno.

Sin embargo, el sábado pasado hicimos una barbacoa en el jardín de un amigo de mi hermana y nos hizo un sol de justicia. Yo venía así mohíno de haber pasado un viernes frío y descorazonador, y la verdad es que aquello me devolvió las ganas de vivir. Expatriados de todas las edades y con hijos, desparramados todos ellos por el sol se revolcaban con un perro mientras se hacía la paella. Mi brazo lisiado y yo nos dedicamos a tostarnos gratamente, sobretodo por el efecto de un vino que entraba que no veas. Comimos, bebimos, cantamos grandes éxitos de ayer y hoy y bailamos frenéticamente hasta el anochecer. Felices como cubas regresábamos a casa mi hermana y yo. Al día siguiente nos dedicamos a ver películas online sin podernos casi mover y ambos con la boca llena de llagas, tal fue la diversión.

How about that two way twister Shakin' up our family tree With sibling syncronisity

How about that two way twister
Shakin’ up our family tree
With sibling syncronisity

También hay lugar para la amargura, claro. Me cuesta mucho entender algunos acentos británicos, sobretodo si los que los emiten son cajeras de esas que te miran con rencor y te juzgan por ser extranjero a pesar de que sus padres llegaron al Reino Unido huyendo de algún régimen comunista. Dicen que a los ingleses les encantan los españoles, pero aquí creo que se han hartado un poco de nosotros, tal es la magnitud del flujo migratorio. Y se permiten tratarnos mal -no mal de llamarnos escoria y escupirnos, pero sí de mirarnos condescendientes y reírse de nuestro desamparo con toda su maldad-.

El caso es que me hallo en un momento bisagra en mi vida, y seguirá siendo bisagra durante unos meses más, hasta que tenga todo montado e instalado. Hoy he ido a echar CVs y la decepción ha sido mayúscula al comprobar lo idolatradas que tenemos algunas tiendas que aquí son puros mercadillos, como el Primark y el Topshop. Con chicles viejos pegados en la moqueta y empleados que te atienden mientras te piden con la mirada que los mates para acabar con su sufrimiento. Pero no pierdo la esperanza. Mi hermana es mi gran aliada y no se le escapa un detalle, a la muy sagaz. Con ella se me hacen menos raros los gays de 60 años con la cara tatuada y demás fauna que puebla su barrio.

¡Creo que seré muy feliz aquí!

julio 4, 2013. Etiquetas: , , , . Uncategorized. 2 comentarios.

La vida virtual

Poco se había hablado hasta ahora de los síndromes a los que solían enfrentarse aquellos que poseen las habilidades sociales de una patata frita. Seres desterrados de la vida pública por sus peculiaridades intrínsecas se vieron obligados a crear submundos que no los rechazasen de entrada. Estos pequeños comités fueron ganando adeptos y, con la llegada de Internet, las comunidades de raros alcanzaron incluso al último miembro potencial del más perdido pueblo del interior de Cuenca.

Adorables monstruitos

Adorables monstruitos

En referencia al lado más amable de este sector, el que resurge de sus cenizas cual ave fénix, el que supera sus miedos y olvida ansias propias del parricida de la catana de Murcia, lo cierto es que en un momento dado acabaron formando su propia sociedad paralela. Entrar en valoraciones sobre la calidad de estas relaciones basadas en Internet -ya sean entre emos, religiosos, homosexuales reprimidos, informáticos, amantes de la jota aragonesa o la suma de todos los anteriores- ya no resulta tan fascinante, puesto que las condiciones de anonimato y amplias libertades que otorga la red pueden devenir en perversa adicción.

You are beautiful!

You are beautiful!

 En cualquier caso, conocer gente con afinidades, encontrar apoyo en la bondad de los desconocidos o procurarse mera compañía carnal jamás había sido tan fácil. Y con el auge de las redes sociales esta tendencia no parece dispuesta a desaparecer así como así: gente que antes no se conocía de nada se reúne asiduamente en plazas de Madrid, con fastuosos disfraces de ‘La guerra de las galaxias’, sables láser incluidos; fetichistas de muy variado signo propician encuentros que responden a fantasías dignas de la imaginación del Marqués de Sade. Al exteriorizar aquello que nos hace diferentes hemos acabado por normalizarlo e incluso premiarlo. Ser raro ya no es ningún crimen.

mayo 23, 2011. Etiquetas: . Uncategorized. Deja un comentario.

Lovely Days in the Sun

Cosey barbecue lady

Un día que amanece lleno de buenos presagios corre el peligro de nublarse y perder toda la gracia.

Y no es que uno no pueda ser feliz bajo las nubes, la lluvia, el granizo, una nevada blanca, una borrasca, un huracán de las Azores o un terremoto latino. Pero la actitud ante la vida o la calle ya no es la misma. ¿Para qué salir? Total, si llueve a mares…y si no llueve uno tiene la esperanza de que no llegue a llover (ingenuo), y no porta consigo las katiuskas, aparcadas en un rincón, muriéndose de la risa.

Pero claro, uno no puede presentarse en el trabajo de esa guisa sólo porque haya riesgo de diluvio. Ni en el trabajo ni en eventos sociales de ocio juvenil. Aunque llevar unas botas de descargador de camiones isotérmicos siempre crea situaciones con risa fácil; y esa es una opción a contemplar en días grises.

Y si no, que se lo pregunten a los suecos, hartos de que los conozcan solo por ser rubios y guapos y por suicidarse en masa.

abril 20, 2009. Vintás. Deja un comentario.

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