Fresh Bananas

¡Se acabó lo que se daba! Quedan pocos días para la clausura del último negocio que he ayudado a hundir, y el ambiente se llena últimamente de emociones a flor de piel, pasiones desatadas, sentimientos encontrados y clientas carroñeras ávidas de oportunidades del hogar. Supongo que aún es pronto para llorar, pero no para empezar a abandonar el barco como ratas enfurecidas. La irlandesa mala gritaba de alegría hace poco para que todos la oyéramos cuando la llamaron para ofrecerle trabajo no sé dónde. Los demás cuchicheamos en plan bitches sobre este y otros menesteres. Hace poco nos enteramos de que podría haber sido una superestrella del baloncesto femenino si sus padres no se hubieran negado a aceptar la beca que la habría llevado a estudiar y jugar en los USA; el conflicto generacional nunca ha sido superado y la moza, acaso por venganza, frustración o por ambos, se vio inmersa en una vorágine de fracaso escolar y alcohol barato.

Sin embargo, la palma se la llevó el suceso acaecido precisamente el día antes de mi despedida. Veréis. Hacía cerca de una semana que dos gañanes de una empresa de trabajo temporal empezaron a trabajar en la tienda. A diario, estos muchachos hijos de padres de la misma sangre se afanaban en montar muebles y limpiar los detritos del lugar, sin mayor problema que sus rostros desfigurados por la crueldad de la genética y el acre olor a ingle que inundaba la sala de descanso del personal. Tanta tranquilidad no era sinó un aviso de la inminencia de la catástrofe.

El caso es que el jueves -la maldad nunca descansa en jueves- la jefa, los deputies y la supervisor se fueron a hacer un cursillo de formación en búsqueda de empleo, ofertado por la empresa como compensación por mandarnos a la puta calle -yo tenía derecho al mismo hasta que encontré trabajo y dejaron de considerarme una víctima- y nos dejaron al cargo a mi y a un señor con gran vida interior que escribe en fanzines musicales y se edita sus propias novelas. Los demás eran todos bastante nuevos en la empresa o producto de la siempre sórdida endogamia, excepto una fémina que vino desde otra tienda del mismo grupo como refuerzo.

En el momento en que el escritor se tomó la pausa para comer, la tienda se llenó de clientes y proveedores de servicios, coyuntura que aprovechó uno de los temporales para apropiarse de las llaves del coche y una tarjeta de crédito de la bella joven que estaba de paso y largarse echando leches. Minutos después varios policías que parecían salidos de una película porno gay se lo llevaban esposado de la tienda, a la que volvió en un intento de hacerse el longuis y alejar la sospecha de su persona. Más tarde me enteré de que tenía antecedentes por allanamiento de moradas. También se ve que se estaba dejando crecer el pelo para venderlo a un fabricante de pelucas.

Pero estas anécdotas ya forman parte del pasado. De momento he hecho tres entrevistas de trabajo en busca de una vida mejor: la primera para el Pull&Bear de aquí, que lo acaban de abrir y nadie lo conoce excepto los españoles así que de momento es una tienducha ambiciosa toda decorada con troncos y leña, muy rústico todo. No trabajaré allí, pero al menos me compré mis primeros pitillos -ya era hora. Una francesa muy cordial y una española que parecía Elsa Pataky con sobredosis me asaetearon a preguntas que respondí con demasiado nervio y franqueza tal vez. Total para me descartaran con palabras del tipo supersuccessful y we loved you y una explicación ante tal antítesis que se perdió en la traducción -curiosamente, escuchada de la boca de la española y su acentaco macarrónico.

También tuve otra en una especie de almacenes medianos que desde fuera parecen una charity pobre, pero cuando entras descubres que son como unos ultramarinos con ropa, de tantas cosas que venden -mi tienda es como un ultramarinos con muebles. Me han entrevistado hoy en un Pub que se llama HOTEL DEL VINO, en una sala enorme con una técnica de recursos humanos en cada uno de los cuatro rincones oculta por un biombo. A la mía le he hecho unos cuantas bromas pero no se ha reído. La francesa sí que me las reía, la española no.

La última ha sido en un hotel del dique comercial del pueblo, llamado Marina. Por lo visto soy el nuevo portero de noche del lugar. Adiós, sol. Esto lo encontré a través de otro polaco trepador de los que abundan en la zona, que al principio parecía algo rarete pero luego fuimos a un McDonalds para celebrarlo y mostró algo más de sangre. La verdad es que me da un poco de miedo todo el asunto de acostumbrarme a dormir de día, pero el sueldo y las horas valen la pena. El problema será dormir con la familia entera pululando por la casa a cualquier hora haciendo ruidos y profiriendo grititos.

A la madre la tengo en gran estima, especialmente tras comprobar lo rompecorazones que es y lo atractivos que son los maromos que han pasado por su vida. Todavía tenemos conversaciones de tú a tú en plan amigas algunas noches, aunque me sigue tocando la moral que me robe la leche como si nada.

enero 19, 2014. Actualitat, Uncategorized, Vintás. Deja un comentario.

Amor de otoño, amor loco en Logroño

 

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Una vez, al principio de llegar a la casa, se me ocurrió dejar la ventana abierta para ventilar un poco. Buenísima idea, salvo cuando se combina con dejarse un trozo de delicioso jamón encima de la cómoda. La cuidadosa envoltura y el poco rato que estuvo allí hasta que decidí qué hacer con él no impidieron que esa misma tarde el jamón apareciese saboteado por dos lados diferentes, el plástico roído y la carne mancillada. Enseguida se me ocurrió culpar a la pobre perreta de tres patas que tanto ha sufrido, y me dediqué a mirarla con una curiosa mezcla de desprecio por su presunta felonía y admiración por haber sido capaz, aún tullida, de saltar sus buenos 90 cm para alcanzar el glorioso ibérico.

No tardé demasiado en perdonarla. Al poco de este suceso, recibí una visita reveladora de uno de los gatos rondadores de mi calle, de esos con collar y muy poca vergüenza -aquí no hay gatos callejeros, sólo gatos caseros y mimados, pero aventureros-.

El gatete acosando a la vecina jubilada

Hallábame yo degustando unas rebanadas de pan con jamón y mostaza cuando el pérfido felino, al que ya conocía de vista, se acercó a mi ventana. La cara de circunstancias que traía no me dejó más opción que abrirle las puertas de mi corazón y mis aposentos. Husmeó, paseó y exploró debajo de la cama para a continuación salir cubierto de motas gordas de polvo -en mi defensa debo decir que es una cama tipo nido con cajoneras debajo que impiden aspirar las suciedades-, dura expedición con la que debió entrarle el hambre. Fue así como decidió que la mejor solución sería asaltar mis jamones son amores, ignorante del peligro que ello supondría para su integridad.

No me gusta pegar a los animales y mucho menos a un gato, pero cuando se trata de vituallas la balanza se inclina en contra de las bestezuelas. Y esta en concreto cometió el error de preparar su salto con demasiada antelación, con lo cual no tuve problemas para placarlo y devolverlo al suelo. Mohíno y cariacontecido, se marchó. Aún así, siempre que me preparo algo parecido se persona ante mi ventana, tenaz. Tiene un olfato que ni los cerdos buscando trufas.

Feed me

Quiere la mala suerte que no me haya venido a ver en los últimos fías, puesto que se lo habría pasado en grande masajeando toda la ropa que tenía esparcida por el suelo, en busca del sitio perfecto para despatarrarse. Me hallaba haciendo balance de qué lavar y qué no lavar/qué llevar y qué no llevar para mi muy próxima incursión en tierras más cálidas este jueves ya. Por desgracia, apenas pasaré por Barcelona un día y medio: la mayor parte del tiempo estaré culebreando full-time por Sitges y sufriendo vicisitudes festivaleras masoquísticas. Huelga decir que me muero de ganicas; sin embargo, los últimos días por aquí están siendo caotiquitos entre las preparaciones logísticas y psicológicas y el resto de mi vida, que además del trabajo ahora incluye madre locuela de visita otoñal.

Doreen contempla el atardecer

Doreen contempla el atardecer

Al menos, esto representa más un alivio que una carga. Pero claro, tanto tiempo de pendoneo familiar provoca que uno postergue sus obligaciones y eso no puede ser. Al menos pude lavar y secar la ropa ante la atenta mirada de las chicas Gomis, que por fín visitaron juntas el hogar apenas unos minutos. Besuquearon a mi casera y fueron ninguneadas por el hijo pequeño, mientras contemplaban maravilladas el jardín. Luego me dieron ánimos y nos fuimos a pasear para hacer hambre.

El caso es que estoy apurando las últimas horas antes de salir y yo pensaba que me daría por hacer profundos balances, pero no. He embutido la mitad de mi armario en un petate, constreñida y en grave peligro de verme obligado a pregonar “la arruga es bella”, pero volveré como un señor facturando maleta y el resto de mi ropa -la que abandoné por no tener espacio cuando me fui-, con la que me reencontraré entre lágrimas mañana. Ahí es nada.

octubre 9, 2013. Actualitat, Vintás. 1 comentario.

En lo alto vive, en lo alto mora. En lo alto teje la tejedora.

Anteayer camino del trabajo tuve un encuentro la mar de extraño. Ahora en realidad no me lo parece tanto, pero en el momento me quedó una sensación de ignominia recorriéndome el cuerpo que me tuvo sacando conclusiones al respecto durante toda la mañana.

Pero pongámonos en antecedentes. Nada más puse un pie en Inglaterra me prometí a mí mismo que, pasara lo que pasara, no llevaría a cabo ningún tipo de estrategia para conocer a gente nueva que no implicase contacto real y genuino. Esto es, amistades y romances no podrían empezar de forma virtual en redes sociales para invertidos. Ni que decir tiene que toda mi estirpe ha sido deshonrada, puesto que no aguanté ni dos semanas en traicionarme y romper este noble propósito propio de gente madura y gozosa de salud mental. El caso es que fui haciendo el monguer de forma sorprendentemente sabia, conociendo a gentes que valían mucho la pena y teniéndolos como amiguetes recurrentes para un paseo en bici, unos copazos nocturnos o sesiones de pasta, vino y TV. Hasta aquí todo bien.

Hay gente que ha nacido para complicarse la vida. No me refiero a aquellos que acostumbran a verse metidos en situaciones disparatadas debido a su bravura y a su ánimo de experimentar aventuras a toda costa, puesto que estos lo hacen encantados y muy conscientes de que se ríen de los peligros, todo con tal de vivir intensamente y seguir pasándoselo teta. Nah. Yo hablo de todas esas personas del montón cuyas preocupaciones vienen determinadas por su nivel de satisfacción en otras materias, lo que viene siendo la pirámide de Maslow de toda la vida: si no es absolutamente necesario, no se van a meter en líos. Hasta que no se aseguren de que van a comer caliente el resto de la semana seguramente no se planteen ir a a la peluquería a hacerse unas mechas. El problema sobreviene cuando te decepciona el resultado: las mechas no te sientan tan bien como a las supermodelos debido a tu difícil estructura ósea, y tu pelo está muy castigado como para intentar arreglarlo con otro tinte. Te toca llorar ante el espejo o raparte y llorar ante el espejo. En ese momento, con las lágrimas irritando tus mejillas, colándose amargamente entre tus labios junto a algún moco furtivo producto del llanto y arruinándote tu ya de por sí ruinoso maquillaje, piensas en la época en que no tenías nada de comer y te das cuenta de lo feliz que eras cuando no te rendías a los dictados de la moda y podías ser tú misma. Pobre y hambrienta, fea pero limpia. Y con Internet, que es la base de la pirámide. ¿Por qué no pudiste conformarte con lo básico?

Pero ¿por qué?

¿Por qué? ¿Por qué?

Así es como me las prometía yo muy felices ante el bonito despliegue de poder adquisitivo y limitado tiempo libre al que me someten mis nuevos trabajos en la zona. ¡Cuanta felicidad! -pensaba yo, iluso de mi, olvidando que las necesidades cubiertas traen otras nuevas; a rey muerto, a rey puesto. Así que ni corto ni perezoso se me ocurrió quedar, como quien no quiere la cosa, con otro mozo de esos nocturnos, medio italiano, para más señas. Con la idea de “tomar algo y si eso cenar”. Cuando me marchaba de su casa 23 horas después, bajo la llovizna y con la impresión de haberme excedido en la compañía hasta el hartazgo, ya intuí que aquello no seguiría un camino espontáneo y feliz.

Este oscuro pensamiento se reveló premonitorio al día siguiente, cuando mi frívola amistad con el polaco de los dientes rotos me satisfizo poco o nada durante una accidentada velada en una fiesta. Tan sólo destacaré que me escapé mientras todos dormían, reafirmándome una y otra vez en mi intención de no volver a acercarme al vodka mientras viva.

Ignoro si son actos del todo aislados o, efectivamente, la suma de ambos colmó mi paciencia. Pero tras sobrevivir a tan ajetreado fin de semana comencé a preguntarme cuándo cobrarían todos mis actos algo de sentido y relevancia. Es divertido hacer el tonto durante un tiempo, incluso durante varios lustros, pero debo admitir que me cansa que nada parezca conllevar verdaderas consecuencias. Y esa es una preocupación que antes no tenía, para bien o para mal.

Dejando un poco de lado la angustia existencial y demás fruslerías, retomo la narración. Pedaleaba yo en dirección al centro de Brighton por London Road, pensando en musarañas y otros mustélidos mientras, como decía, me dirigía al trabajo. Era otro puto día gris y los taxistas y conductores de autobús ejercían a la perfección su papel de villanos asesinos de ciclistas. Entonces vi que alguien me saludaba desde la acera. El medio italiano. Aminoré y me acerqué a saludarlo con cierto recelo, típica reacción de amantes pasajeros. Una rápida ojeada me hizo desconfiar aún más de él, pues presentaba todos los ingredientes para que intuyese que le había pasado un camión por encima o que había dormido vestido -si es que había dormido- : ojos rojos y cansados, en un rostro demacrado al que tan sólo le faltaba un herpes que probablemente le salió pocos minutos después, ropa desaliñada y mal combinada y un paquete de café en las manos. Me observó como observa el malo de las series al bueno al que creía muerto, puesto que él mismo lo mandó asesinar. Debió figurarse que tan dantesca imagen merecería una explicación, e intentó balbucearla, pero no logré descifrarla, ocupado como estaba en fijarme de nuevo en la anodina dentadura que tan poco me había impresionado cuando lo conocí. Tras proferir una o dos veleidades más conseguimos despedirnos de forma amigable y proseguir con nuestras rutas.

Fue entonces cuando me asaltaron los sentimientos encontrados y la angustia existencial de forma un poco más explícita. No es que me haya convertido en una mujer vieja de repente, pero a veces me pregunto si de verdad tengo edad como para meterme en esta clase de persecuciones sentimentales y amistosas, en las que todos los implicados terminan sintiéndose gilipollas porque nadie es capaz de comportarse de forma despreocupada tras haber pasado por cama. O precisamente porque al no pasar por cama, como con el polaco tonto, la tensión se acumula. Vamos, que estaba más tranquilo como ente superficial tumbado al sol.

Y volveré a estarlo pronto. A pesar de que no vaya a volver a ver el sol hasta mayo del 2014.


El título no es casual. De repente, le tengo mucho cariño a nuestras amigas, las arañas. ¡Otro día explicaré por qué!

septiembre 14, 2013. Uncategorized, Vintás. Deja un comentario.

Polonia

Una de las cosas que más me gustan de vivir fuera son las constantes novedades. La incertidumbre que podría tornarse horror vacui se convierte en un escaparate de oportunidades y descubrimientos.

Pues sin comerlo ni beberlo, de repente tengo un nuevo amigo, polaco esta vez. El chico es callado y sencillo, aunque por supuesto eso no es más que una máscara cultural que oculta una vida plagada de excesos y experiencias sórdidas. Por lo pronto es fetichista de la ropa deportiva y los señores grandes. Esto me descarta de sus preferencias, aunque es verdad que al principio me envió algunas fotos de su pene, por motivos que aún desconozco puesto que nunca lo llegó a usar conmigo ni a sugerir que quisiera hacerlo en serio. Con él es fácil dejarse llevar por lo superficial, y yo no fui distinto. En realidad es lo que hago siempre que conozco a alguien, supongo que para evitar la frustración que podría surgir cuando no le resultas interesante a alguien que sí te lo resulta a ti.

Sí, el Lomo

El Lomo

Sin embargo, ya no lo veo como un trozo de carne, a pesar de que me resulta atracativo. Ahora me fijo más en los detalles, como su pelo, sus cicatrices -parecen de haberse peleado con un irlandés o un perro de presa pero se las hizo cocinando en el Kentucky Fried Chicken-  y su pintoresca dentadura. Tiene unos dientes terribles que le dan más encanto del que podrían quitarle, por esa imagen de bestia de la Europa del Este que posee. Hoy me explicó que perdió un trozo de diente un día que estaba bajo la influencia de muchas cosas e intentó comerse una mesa de madera. También me dijo que estaba resfriado y con malestar tipo gripe, síntomas que había decidido combatir tomando 20 paracetamoles en todo el día. A veces no sé si es un burro y un cafre o me toma el pelo. Al fín y al cabo, el semblante frío y lo poco que lo conozco dificultan la labor de entrever qué demonios le pasará por la cabeza. En una ocasión hice una broma muy tonta -nuestras charlas no son muy profundas, porque me temo que no siempre entiendo lo que me dice aunque él siempre me entiende a mi- y le saqué una risa en forma de gritito agudo que me heló la sangre. Pero siempre me invita al cine con unos pases especiales que tiene rollo tarifa plana y eso lo compensa todo. Friends forever.

En otro orden de cosas, y contrariamente a lo que uno podría suponer, no fue en los inicios cuando más dura me resultó la experiencia, sinó estos días. La falta de fe de mi hermana puede llegar a ser devastadora. Y nos gritamos y hay gresca.

Mi presencia aquí ya no supone una novedad; he dejado de ser el hermano pequeño desprotegido largamente añorado, para convertirme en un intruso -cuya felicísima actitud ante los vaivenes y contratiempos de la vida cotidiana resulta de lo más sospechosa, por inconsciente. Así que los controles se intensifican y me convierto en el blanco de las miradas escrutadoras de mis amados compis de piso, que analizan mis movimientos y les ponen su consabida etiqueta: “hoy echa CVs en la calle”, “ahora busca piso online”, “prepara la cena”, “se rasca los cojones”.

Debo admitir que comprendo su postura, puesto que ambos han sacrificado su intimidad y puesto a prueba su propia relación para que el nene tenga una base de operaciones desde la que llegar a alguna parte y ser algo en la vida. Y no debe de resultar nada agradable ver cómo alguien se aprovecha de su generosidad -ya tuvieron un inquilino compatriota que haraganeaba como si le pagasen por ello, y esto no hizo más que acrecentar su desconfianza. Pero vamos, que nada más lejos de mi intención.

Además, si sus etiquetas fueran ciertas tendría los cojones en carne viva y no es así.

agosto 29, 2013. Etiquetas: , , , , , . Actualitat, Uncategorized, Vintás. 1 comentario.

Volverán los oscuros golondrinos en tu sobaco sus nidos a colgar

Estoy un poco resfriado por la humedad, la bajada de las temperaturas y mi antológica frescura.

Como no hay mal que cien años dure, algún incauto se ha afanado a ofrecerme trabajo. Y no uno, sinó dos. De manera que dentro de poco espero me tengáis distribuyendo material deportivo a escolares sin disciplina -por las mañanas- y sirviendo cochinadas de comer y modestos copazos a sus padres -por las noches-. Todo en conjunto representará un duro golpe a mis ambiciones creativas y a los años y capitales invertidos en carreras universitarias. Whatever. El dinero es lo primero. Luego la salud.

No conocemos a la pareja, pero posan

La Lluner extasiada, con vestido de gatos, en el Gay Pride!

Así que mientras nuevas problemáticas cobran protagonismo, como procurarme una morada para los próximos meses y que no implique a la familia y a la familia política, me dedico a ahorrar. ¿Cómo? Está chupao: mediante el viejo truco de dar lástima contando mis mierdas, pero con resignación y optimismo; de esta forma los demás -me refiero a señores nocturnos de esos- terminan pensando que costear una sidra por aquí, unos cacahuetes por allá y cuatro Bacardíes dobles por acullá es idea suya. Y que les valdrá una recompensa que implique cama o de pie contra la pared, pero no. Es un poco maldad mezclada con inocencia/inconsciencia, lo juro, pero incluso yo me sorprendo de la de veces que funciona. En realidad ya no lo hago por la gratuidad, sinó por averiguar más sobre los susodichos. Los que no me invitan me gustan mucho más.

Kinesiotape a lo Great Britain

Get the look!

Los días se suceden, la vida cobra sentido y el verano termina por tener éxito en su bochornoso afán de hacernos culebrear sin descanso. Menos los días grises como el de hoy. Menuda mierda de país de contrastes de los cojones.

¡Besitos!

P.D. Un tráiler así bonico de un documental que promete.

agosto 15, 2013. Etiquetas: , , , . Actualitat, Uncategorized, Vintás. 1 comentario.

Anoche soñé que volvía a Manderlay

Por decimooctava vez este lustro, vuelvo a tomar las riendas de mi vida. Me marcho de este sofocante y sórdido lugar, donde el tiempo parece haberse detenido, cubierto por una atmósfera onírica y surrealista en la que nada de lo que sucede presenta atisbos de tener sentido alguno. En efecto, hablo de Benidorm.

Cual odalisca ejecutando una tentadora danza del vientre, mi madre desplegaba sus amorosos cuidados para que no me quisiera marchar nunca; o, al menos, que se me hiciera muy jodido cuando llegase el momento. Convaleciente como estaba, no tuve más remedio que devenir bebé gordito y dejarme agasajar. Pero eso se terminó, vamos que ya me parece algo muy lejano una semana después.

Prosigo pues lanzándome de cabeza a la burocracia y a los cansinos e innecesarios protocolos de esta extravagante nación, llena de contrastes y mucha tontería. Por el momento, tengo pendientes dos entrevistas de trabajo en establecimientos que no son McDonald’s, de lo cual, en el fondo, me alegro (y digo en el fondo porque ya me entrevistaron, pusieron a prueba y rechazaron con gran pesar para mi economía, pero no para mi dignidad). Mientras me preparo, nos dimos un descanso para visitar una zona de parque y de paso poner a trabajar los muslos, que la susodicha queda lejos de casa. Mi hermana, feliz, se dedicó a inmortalizar flores y abejorros con tesón.

Hay que ver como corro, cuando me persigue el abejorro.

Hay que ver como corro, cuando me persigue el abejorro.

Precisamente aquí celebrarán las fiesta principales del Orgullo Gayers 2013, aunque la gente pobre pasaremos de pagar entrada y nos quedaremos en el portal de casa ataviados con pelucas y saludando a los transeúntes ávidos de vivencias absurdas. Lo único que siento es perderme la actuación de las Sugababes originales, que siguen vivas y ya no se odian, o si lo hacen ya se cuidan ellas de esconderlo.

Se ve que Roseanne regenta un bar aquí.

Se ve que Roseanne regenta un bar aquí.

Las amigas quiroprácticas de mamá me recomendaron una consulta a 40 minutos de casa, con lo que me obligo a andar. Por el camino me hago el cosmopolita, como si la cosa no fuera conmigo. El primer día, cuando llegué, me encontré con la típica casita de cuento con la que los ingleses creen alcanzar el estatus que el piso de toda la vida les negaría -al final, hay tantas casas por todas partes que vivir en una tampoco es para tanto-. En el interior, varias quiroprácticas con aire marcial pero tierno, muy como de enfermeras de hospital americano de niños, se paseaban repartiendo órdenes, consejos y sonrisas a partes iguales. Con unas voces dulces y demoníacamente angelicales. Así se las gastan las británicas. Iban muy bien peinadas y maquilladas, elegantemente vestidas, pero con un sospechoso toque informal y cercano que me hizo preguntarme si no estarían preparadas para protagonizar algún reality para Divinity, de esos en los que un ama de casa infeliz es rescatada del ostracismo en cualquiera de sus muchas variantes, gracias a las artes de un grupo de expertas que fruncen el ceño todo el rato y no pueden parar de crear. No importa cuál sea el premio que persiga, el ama de casa termina invariablemente sonriendo víctima de la euforia desmedida ante los resultados, su piel cargada con suficiente maquillaje como para tres putas. Volviendo a la consulta, el segundo día, sin embargo, se notaba mucho que era viernes porque la cosa se había relajado: la recepcionista era simpática de pose, no genuina; la sesión terminó más rápido; la quiromántica no llevaba el pelo sucio, pero tal vez sí algo churretoso. Dejé de idolatrarla por su cautivadora belleza y empecé a admirarla por su sencillez.

Luego nos fuimos a tomar algo. Con motivo del Orgullo hasta los bancos decoran sus sedes con banderitas arcoirisadas, como si esto fuera semana santa o navidades. Y los invertidos de todos los rincones de la isla nos vienen a ver. Una maravilla.

Pues eso, que peace y felices veraneos para todos.

(¡el del vídeo soy yo!)

agosto 3, 2013. Etiquetas: , , , . Actualitat, Uncategorized, Vintás. 1 comentario.

Lovely Days in the Sun

Cosey barbecue lady

Un día que amanece lleno de buenos presagios corre el peligro de nublarse y perder toda la gracia.

Y no es que uno no pueda ser feliz bajo las nubes, la lluvia, el granizo, una nevada blanca, una borrasca, un huracán de las Azores o un terremoto latino. Pero la actitud ante la vida o la calle ya no es la misma. ¿Para qué salir? Total, si llueve a mares…y si no llueve uno tiene la esperanza de que no llegue a llover (ingenuo), y no porta consigo las katiuskas, aparcadas en un rincón, muriéndose de la risa.

Pero claro, uno no puede presentarse en el trabajo de esa guisa sólo porque haya riesgo de diluvio. Ni en el trabajo ni en eventos sociales de ocio juvenil. Aunque llevar unas botas de descargador de camiones isotérmicos siempre crea situaciones con risa fácil; y esa es una opción a contemplar en días grises.

Y si no, que se lo pregunten a los suecos, hartos de que los conozcan solo por ser rubios y guapos y por suicidarse en masa.

abril 20, 2009. Vintás. Deja un comentario.