Vivir a base de gintonic

Tengo muchas cosas que contaros y no voy a saber por dónde empezar. Lo haría de forma cronológica, pero apenas recuerdo los detalles de los sucesos de cuando llegué a Barcelona.

9 – 28 de junio

Lo más destacable fue que mi amiga Alba, que me alojaba en su casa, casi me asesina cuando se dio cuenta de que había sido demasiado valiente al invitarme a compartir habitación e incluso cama. Esto creó situaciones disparatadas y tensiones y mal rollo, aunque vi muchas tetas –en realidad, las mismas muchas veces– y ambos aprendimos una importante lección acerca de los límites de la amistad y la hospitalidad. Sobre todo ella. Después también aprendí yo algo cuando me comunicó que el pareo que hacía las veces de funda de sofá y que lancé por la ventana sin querer, de forma irrecuperable, cuesta la friolera de 20€.

También es menester subrayar mi regreso a la vida nocturna y social. No estoy muy seguro, pero creo haber salido casi cada día. Los días del Sónar no fueron los únicos que me vieron irme a dormir al alba.

La primera noche del festival pude ver un rato a Roisin Murphy y fui feliz, porque le tenía muchas ganas. Fue un alivio dado que ni siquiera la presencia de mi compañero de fatigas en Disney como apoyo en el punto de información pudo hacer que el trabajo resultase agradable. Como mucho, menos insufrible. Me supo mal haberle involucrado en ello, al pobre, como si de una alegre actividad veraniega cualquiera se tratase.

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El segundo día la gente estaba más tranquila, sabían que no se podía comprar tabaco y más o menos pudieron encontrar los escenarios con cierta gracia y soltura. O eso, o no lograron encontrarnos y nos dieron paz. Sí que hubo, no obstante, algunas historias dignas de mención. La primera fueron los desencuentros de una pareja extranjera, probablemente centroeuropeos. Describir todo el arco emocional de uno y otro sería tedioso y frustrante puesto que la historia carece de final feliz y los pobres seguro que ni siquiera se lo pasaron bien en el festival, perdidos como andaban. A él la verdad es que no lo ayudé mucho porque se puso a gritar a los desconocidos y a la infraestructura y lo di por imposible muy pronto. Cuando se hubo marchado y apareció ella buscándolo me arrepentí de no haber hecho más –tampoco es que hubiese mucho que hacer, pero yo soy muy de la culpabilidad. Si fuera cristiano, que menos mal que no lo soy, creo que me daría latigazos por las noches–. Ella era muy simpática, se lo tomó con filosofía al principio y yo intenté tranquilizarla siempre que pude, pero el problema es que acababa de mudarse y no conocía el idioma, no tenía teléfono y no recordaba ni dónde vivía. Luego se derrumbó y fui a rescatarla con palabras tiernas de ánimo y una botella de agua para restituir la que perdió con sus amargas lágrimas. Era todo así de dramático, había hasta borrachos hostigándola sin peligro. Cuando se puso en pie deambuló un poco más y desapareció entre la multitud. Ahora, de pronto, me la he imaginado pidiendo limosna en las calles de Barcelona por no haber podido encontrarlo. Seguro que sólo es mi imaginación crepuscular, preguntándose “¿acaso no deambulamos todos perdidos en este mundo sin sentido?” y en realidad la chica está bien y encontró al muchacho. La desesperanza se me da muy bien.

Luego hubo un grupo de belgas muy majos pero muy cabrones cuya amiga había bebido demasiado y estaba inconsciente, toda tirada en un rincón. Al parecer, los servicios médicos ya habían decretado que no le pasaba nada malo y que necesitaba dormirla y ya, pero los cabrones de los amigos deseaban seguir festejando y no querían quedarse con ella en la enfermería –aquí existe un dilema dado que esto es comprensible hasta cierto punto, pero ahora veréis por qué fueron cabrones–, así que se la habían llevado y habían optado por depositarla en el suelo delante del puesto de información, con la esperanza de que la vigilásemos mientras ellos bailaban. Haciendo caso omiso a nuestra negativa, abandonaron el lugar al grito de “pies para qué os quiero” en su equivalente en francés de Bélgica. Así que al final consiguieron lo que querían, los servicios médicos se la llevaron –confieso que estuve secretamente orgulloso de poder practicar francés con la pobre chica semiinconsciente, hasta el punto de convencerla de encaramarse a la silla de ruedas del médico de 12 años que la asistió– y ellos festejaron, los muy cabrones. Cuando volvieron preguntando por ella les dije que se había marchado a Barcelona toda airada, pero la broma no se sostuvo mucho rato.

El contenido de las cajas de objetos perdidos daría para un artículo en la revista VICE que tampoco sería muy interesante, algunos lo leerían por curiosidad y se sentirían estafados como si hubieran pagado por él, y criticarían la deriva superficial y anodina de los contenidos de la versión en español. Obviamente, yo estaría encantado de formar parte de algo así.

29 de junio creo

En Elche, primera parada de este viaje singular, todo pesa más debido al calor del campo y la vagancia de la tarde. También como más y mejor, y eso causa digestiones más problemáticas. Hoy he ido a la piscina con mi primo artista. Resulta que vive en Valencia y se ha hecho masón, que en la práctica es algo así como un tipo de meditación en el que se mezclan cuerpo, mente y cierto misticismo azuzado por el arquitecto del mundo o la existencia o algo así. Inevitablemente, me he reído un poco de él, pero es buen chico y no le afectan apenas las burlas. También se ha reído cuando hemos comentado sus cambios de metabolismo, ya que era de los que comen lo que quieren sin engordar y siempre se quejaba de extrema delgadez, pero ahora eso ha quedado atrás y tiene mollejas. Es tenaz y afirma que recuperará su figura pronto.

3 de julio

Llego a Benidorm en compañía de un amante de juventud y su hermana. En su momento todo fue muy bonito y muy amor-de-verano-amor-de-meter-mano, pero después la relación se limitó a intentos frustrados de recuperar la chispa y vaivenes y mareos varios. A pesar de tan prometedora receta, nos llevamos sorprendentemente bien y surge una bonita amistad en la que hablamos con franqueza del pasado y el presente. También hay alguna veleidad nostálgica que otra, pero nos pilla viejas y nos limitamos a sonreír lacónicos y beber mojitos mirando al infinito.

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En Benidorm también hay otros reencuentros interesantes con amistades, señores difíciles y un entorno que siempre trae muchos recuerdos buenos. Hasta los malos parecen tornarse buenos dada la perspectiva adquirida, y es que con 30 años los dramas de los 18 son una broma. Mi mayor problema durante mi último año de instituto era estar locamente enamoriscado de un joven de 25 años de Madrid con la cabeza afeitada y un deseo oculto de abandonar a los hombres y volver a la fe de sus hermanos testigos de Jehová.

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14 de julio

Vuelvo a Inglaterra y la realidad se impone. Me preparo durante varios días para entrar en British Airways. Llego al final del proceso de selección, pero no me cogen. Esto sucede en una jornada muy intensa en la que me tienen metido en un traje y dando tumbos horas y horas de un lado a otro haciendo tests, dramatizaciones con clientas malas, pruebas en grupo y pruebas de agacharte y volverte a agachar que los agachaditos no saben gosar -lo cuál quedaría en mera anécdota de no ser porque esa noche había dormido unas 3 horas en total. El consuelo es que al pasar la fase 1 te regalan un sandwich y una bolsa de patatas. Luego, al borde de la muerte, realicé una entrevista individual con preguntas sencillas que se me antojó insufrible y en la que tan sólo me faltó suplicar que me sacrificasen. Tardé dos días en recuperarme.

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Desde entonces me dedico a culebrear por la ciudad y las redes sociales intentando desentrañar el misterio de la existencia. Y acudiendo a entrevistas de trabajo de esas que no entusiasman, pero que de resultar elegido en el proceso tampoco puede uno quejarse, ya es un consuelo.

Siendo esta una ciudad bastante pequeña, no es casual encontrarme con mi ex cada cierto tiempo, aunque hemos logrado soslayarnos y pasar inadvertidos el uno del otro. A pesar de las reminiscencias de comedietas románticas tontorronas la situación no es disparatada, y da bastante bajón esconderse de alguien con quien antes hablabas a diario. La idea es normalizar los encuentros y saludarnos civilizadamente, pero claro, una cosa es encontrarse de cara sin remedio y otra detectar al otro a 15 metros de distancia, dentro de un supermercado al otro lado de la calle. Por tonto que parezca -porque lo es- entrar a propósito a saludar supone sentir que uno se está saltando una norma autoimpuesta, la de no hacer nada que te haga sentir vulnerable. Y en esas andamos haciendo el monguer a nuestra edad.

Por suerte, la vida sigue y fui invitado a una fiesta de cumpleaños en la que hubo Drag Queen y camareros con el culo al aire.

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Y el mundo marcha

¡Viva el verano!

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agosto 11, 2015. Uncategorized. Deja un comentario.

Ya está aquí la primavera, cachonda, amarga y sandunguera

Tras el silencio más largo desde que empecé a contar mis vicisitudes en línea, hállome aquí de nuevo con mis relatos superfluos y mis historias sin estructura real. Como la vida.

Sigo trabajando donde siempre, pero he notado que me estoy adaptando rápidamente a la dinámica laboral. Bien es cierto que ya no lloro de alegría cuando me levanto para ir a trabajar, pero sería un error no sentirme afortunado. Aprovechando mis descuentos y mis privilegios, agarré a mi cónyuge de la mano y nos plantamos en Disneyland París el fín de semana de Halloween. No fue mágico -el primer día estuve a punto de vomitar más por tanto estímulo visual y sonoro que por el trajín de las montañas rusas-, pero pasamos el rato. Cinco meses después, me he decidido a hablar de ello, como si el trauma hubiese sido superado. No hice muchas fotos porque en seguida me quedé sin batería en la cámara y, a decir verdad, he perdido un poco el interés en documentar con imágenes todo lo que hago. A excepción de la tontuna, que siempre tendrá un hueco en mis dispositivos de captura, no suelo tener ganas de inmortalizar apenas nada.

El mejor momento fue cuando Pluto se me acercó desde detrás de una zona acordonada y sólo tuve tiempo de abrazarle, así sin foto ni nada. También estaba Maléfica que llevaba una túnica que parecía un chándal.

Hace unos lustros la señora casera me recibió con un esquijama/disfraz de mono la mar de calentito. Ella no tiene claro lo que quiere en la vida tras 51 primaveras vividas, así que me apacigua un poco pensar que quizás no halle nunca mi objetivo en la vida y sea más feliz dedicándome a vivir sin más. Ahora está en Serbia dándolo todo con su noviete en la que quizás sea su última incursión en la Europa del sur/centro/medio este, porque dice que no aguantará mucho más así y que quizás lo deje. Es temporada de cortar por lo sano, se ve.

El drástico descenso de las temperaturas hizo disminuir la probabilidad de gaticos. Mientras duraba esta temporada, todavía pude ver algo que si no era un gato era por lo menos una morsa, una vez. Pero ya está, ya vuelve la calor y los chicos se enamoran. Yo no, porque mi novio y yo lo vejamos antes de que el drama, ya de por sí grande, fuera a más. Decidimos que la ilusión no era alta.

Me dicen en el trabajo que haga planes de futuro y desarrollo a ver qué tal crezco, y yo la verdad no sé qué decir, acostumbrado a crecer para abajo. ¿Escritura? ¿Edición de imagen? ¿Jugar a videojuegos durante horas sin quemarme las retinas? ¿Aprender italiano a costa de la empresa? En la oficina hemos jugado a que el globo no toque el suelo, dos veces, y las dos lo reventé yo cuando vi que había que poner un final digno a aquello. Después hubo muchas pastas, voluntariados que dan bajón con gente poco desafortunada y mucha pedrería. Y mis compis tienen chacras sexuales en la cara, están destinados a encontrar su lugar en centroeuropa y muchas fruslerías. Lo pasamos bien.

Me apunté a francés, a un cursillo semioficial que es todo amor y la profe está toda locatis que el flequillo le cae sobre la cara y la hace caótica. De alumnos está Camille, que es una mujer liberada con cara de saber. Y sabe, para algo es psicóloga y se tira al madurito interesante de la clase. Luego hay muchas madres solteras, de todas las edades, y una mala con tatuajes que me puso verde con la profe estando yo allí, muy a la inglesa. Puta.

Como podemos criticar en español, nos explayamos en horas de trabajo y ponemos verdes a todos, pero cambiamos los nombres por si los oyeran. Reme, Manoli, Felisa y Jesusa ya son compañeras del día a día y no necesariamente mujeres.

Lloro por dentro y soy feliz. Si no fuese pedo como voy igual no publicaba estas sandeces you know. Se nota que no tengo ganas de estructurar el discurso, ¿verdad?

abril 12, 2015. Uncategorized. Deja un comentario.

Vida y milagros

Agosto es un mes que siempre he temido y admirado. Se da a balances sobre el estado de la vida de uno, hace calor y te bañas, pero a medida que se acaba piensas en septiembre, en el otoño y en la fugacidad de la existencia. Sobretodo si el calor es sustituido por el huracán Irene, trágicas tormentas y fresquete mediocre de ese que no es frío-frío pero ya ni te bañas ni nada. La Gran Bretaña es así.

Hoy, en el trabajo, me han dicho que si quería ir a pintar la valla de madera de un colegio, que les faltaba gente. Yo he dicho que sí sin tenerlo muy claro, porque aquí los voluntariados y las charities son una constante y cuando oigo hablar de ellos me escaman un poco, porque te lían que no veas. Además, estoy convencido de que son numerosos los que tienen filias con el hecho de ayudar a los demás. Y siempre me acuerdo del chiste este:

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(Molg H.)

Luego me lo he pasado pipa limpiando de telarañas, lijando y pintando de verde la maldita valla, porque he tenido tiempo de pensar en mis cosas y me he sentido tope de útil. Además, el colegio era de niños discapacitados y ninguno se ha reído de mi. Eran todos muy majos. Había uno con rasgos orientales y síndrome de Down que nos ha saludado galante y se ha dado un garbeo con un coche a pedales de puta madre. Había otro que la estaba liando un poco, pero tenía su ejercito de monitoras con aspecto de ex-convictas así muy marciales que le hacían compañía y le han susurrado palabras bonitas al oído para calmarlo. Después ha venido a interesarse por mis artes pictóricas musitando cosas y mirando el bote de pintura con ansia, pero se ha distraído con algo y se ha ido.

En ese momento me ha dado un poco de pena y he pensado que yo sería incapaz de trabajar en un sitio así, porque me echaría a llorar cada dos por tres. Las alemanas de la oficina estaban allí también, lijando como locas y sin guantes ni nada, más acostumbradas al típico frío que te endurece el carácter para siempre. He pensado que ellas sí que harían bien el trabajo y me repudiarían por ser débil, así que tendría que comer solo en las pausas, alguna triste ensalada de pasta demasiado salada a causa de mis lágrimas. En tales victimismos me hallaba regocijándome cuando he oído sonidos guturales. El niño de rasgos orientales los emitía, creo que estaba vomitando porque se ha mareado por columpiarse fuerte, pero no lo he visto. Se ha quedado sentado en el columpio, mirando a la nada, acaso sumido en profundas reflexiones. Luego han venido a asistirle y a comentar sus pensamientos.

Despues de comer macarrones con piña, he dibujado una rana y una libélula en uno de los muros. La líder era una motivada y me ha felicitado por mi detallismo y gusto al combinar colores, aunque sospecho que secretamente habría preferido que emplease el tiempo en dibujar peor e incluir un tercer bicho. De la alemana pálida y con gafas nos hemos reído muchísimo porque ha dibujado un saltamontes del tamaño de un perro pequeño.

Luego nos hemos hecho unas fotos.

Ha sido otro bonito día en este trabajo que a veces parece como ir al cole. Y la verdad es que no me puedo quejar, puesto que el sol ha brillado con ganas en los ratos precisos y creo que hasta he cogido algo de color. El buen tiempo es tan precario que cuando sucede, se celebra por todo lo alto.

Creo que tengo fiebre.

YAY

agosto 13, 2014. Uncategorized. Deja un comentario.

Vicisitudes & inquietudes

Mi casera se ha ido a Serbia en coche. Es muy valiente. Por lo visto estará allí durante tres semanas, olvidándose de las preocupaciones mundanas, la electricidad y otras agonías de la vida moderna porque su novio posee una granja en medio de la nada. Mientras tanto, su cama está siendo vilmente profanada por dos adolescentes en celo. Y lo peor es que ni siquiera es la descarriada de su hija. Yo pensaba que sí, pero en un momento dado he ido a mear y he escuchado voces en el jardín. Sagaz entre la cristalera de colores la he avistado, tranquilamente charlando con su ex-novio depresivo que ahora son amigas y ya todo bien.

Lo más perverso de todo es que ella siempre se rodea de chicos y de una chica negra prognata que viene a veces, así que me imagino que se trata de esta última y alguno de los chiquillos con olor a sobaco con los que se reúne algunas tardes para tomar té y hablar de Jazz y literatura. O a lo mejor sólo estaban jugando a la Wii, que también podría ser. Además ahora le ha dado por los festivales, lo cuál sería una buena noticia si no fuera porque les deja las llaves de la casa a la basca para que le alimenten al perro y se despatarren a no hacer nada lejos de sus familias. Me he mostrado todo lo enérgicamente disconforme que he sido capaz de fingir, así que me ha prometido que no festejarán ni la liarán y que no dormirán en casa. Después me ha dado su teléfono y el de la negra prognata por si hubiere contratiempos.

Me da muchísima envidia la iaputa. Juventud divino tesoro, veranos sin fín y pieles quemadas por el sol. Al menos esto último sí que lo tengo puesto que enrojecí un poco el otro día en la jornada deportiva/picnic que hicimos en el trabajo (extravagancia totalmente remunerada). Como es menester, mi equipo quedó último en casi todas las pruebas, menos una que era una carrera de llevar una patata en una cuchara en la que nos alzamos con el segundo puesto. Yo hice mi debut con una prueba de relevos en la que no me enteré bien del funcionamiento por haberle dado al vino a base de bien durante la comida, con un pésimo resultado en el que figuré por debajo incluso de las inglesas gordas.

Después nos hicimos fotos y los franceses descamisados se pusieron a regar con agua a los ganadores, menos a una que corría con aspavientos muy graciosos y pudo escapar. A pesar de salir indemne de la orgía acuática, el miedo y la adrenalina la condujeron a pillar un balde lleno de agua y a lanzarlo contra nuestro equipo cuando nos hacían la foto. Tan cegada estaba por el arrebato que en vez de dirigir el chorro hacia sus verdugos, se limitó a abalanzarse sobre el grupo como un animal. El agua en su totalidad se derramó sobre una pobre chica alemana pálida y con tendencia a vestir el negro cuya timidez la había empujado a situarse en el extremo. Me dio un poco de pena porque se esforzó mucho durante la carrera de cuchara con patata. Además lleva gafas. Todos la consolamos mientras reflexionábamos acerca de la ausencia de justicia en el mundo.

Tetas bañadas en chocolate

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Taste of Purity (el sabor de Purita)

julio 23, 2014. Uncategorized. Deja un comentario.

Cuando llega el calor los chinos se enamoran

Veranos que saben a otoño lluvioso y que han de convertirse en norma y costumbre. Punzada de dolor que recibe servidor cada vez que el espesor de una nube crece exponencialmente y le recuerda este dato. Y eso no es lo peor. Lo peor es que quejarse de la meteorología todo el rato es un síntoma irremediable de haber sucumbido al carácter británico -además, sin relacionarme casi nunca con autóctonos.

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No obstante, y lejos de poseer argumentos para el lamento, la vida sigue su curso con vientos y corrientes favorables. A riesgo de parecer pretenciosamente profundo me atreveré a proyectar algo de luz en la sempiterna oscuridad que tradicionalmente ha venido poblando mis perspectivas. Luego si eso ya hablaré de frívolas fruslerías y agridulces chascarrillos.

La ocasión lo merece, y es que he puesto fin a casi seis meses de tormento nocturno. Seis meses que me pasé casi en su totalidad enviando currículos como loco, consciente de que mi salud física y mental dependía de escapar de aquella lúgubre recepción de hotel a la mínima oportunidad que tuviese. Algunas tardes, cuando me despertaba tras una ajetreada noche, me daba cosa ir a la cocina porque podía escuchar al señor que le da clases al hijo, que habla demasiado alto y muy rápido. Ya sé que es su manera de enfocar la educación de un niño con problemas de atención, pero claro, a parte de que no me gusta la gente, no puedo evitar tener la sensación de que su incesante y exagerado parloteo no es más que su forma de soslayar la idea del vacío de la existencia. Supongo que tampoco ayuda si se sienten a repasar geometría de forma que bloquean la nevera y no me dejen acceder al jamón.

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A lo que iba. Que la ocasión la pintan calva. Así que me he ido.

 The Rocky Horror Picture Show (1975)

Sería injusto, no obstante, decir que absolutamente todo fue desagradable. Verdaderos personajes que fácilmente trabarían amistad con Jack Torrance en el inframundo pueblan mis recuerdos, ya antojándoseme lejanos y protagonistas de aventuras del pasado. Eso siempre crea historietas y universos imaginarios la mar de entretenidos.

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Justo antes de volver a la soleada Barcelona por vacaciones -maná, elixir de vida, dormir a pierna suelta- mi jefe escuálido encontró una foto de uno de los recepcionistas en el ordenador de recepción. Se la había hecho él mismo frente a un espejo, teléfono en mano y con el gracioso descuido de no lucir ropa de cintura para arriba. El jefecillo, que es un hombre íntegro y muy marcial pero también bastante hijaputa la dejó en el escritorio para que todos disfrutásemos de sus tetillas de Letonia y su peinado de choni del Este. Esto no tuvo mayores consecuencias, pero no deja de ser curioso que el pobre infeliz me anunciase poco tiempo después que tenía planeado triunfar en el mundo de la moda. Claramente ignorante del significado de aprender de los errores propios me mostró dos instantáneas, esta vez tomadas en un estudio: una en blanco y negro bastante aceptable en la que se le intuía algo de atractivo y otra en color con sombrero vaquero y camisa a cuadros abierta que me recordó a cualquier película para adultos invertidos hecha más allá de Hungría.

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Me entraron ganas de decirle que se acordase de acudir a los castings dilatado de casa, pero me contuve.

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Se le veía ilusionado.

Otras anécdotas incluyen un recepcionista que camina como la Pantoja, huéspedes saudíes que se alimentaban sólo a base de queso “La Vaca que ríe” y una jefa financiera que sorprendió a su marido con una fiesta sorpresa en la que se bebió hasta el agua de los radiadores, tras lo cuál se afanó en hacer el mal, que básicamente consistió en robar los pollos del cátering. Así que no les guardo rencor, por que fueron majos hasta decir basta y me dieron vacaciones aún sabiendo que me iba. Pero tuve que salir corriendo.

Y ¿a dónde? os preguntaréis los ávidos de información y los saturados de tanto circunloquio. Pues a Disney, claro que sí. Y no, no a una tienda ni a Disneyland París. A Disney Interactive Studios. Oficinas con sillas, ordenadores, teléfonos, ciudadanos de la Unión Europea, videoconsolas y luz del día. Cuando volví a casa después del primer día, muerto de sueño del jetlags, no se me ocurrió otra cosa que actualizar mi linkedin para que a todos mis contactos les enviasen el mail de congratulate Jordi. Esto que de entrada puede parecer una actitud reprobable y muy atribuible a un gilipollas de mierda -de hecho lo es- no era más que un pequeño reflejo de las lágrimas de alegría que inundaban mis ojos y salaban mis mejillas ante la novedad de tener un trabajo duradero que no me avergonzase admitir ante hipsters con prejuicios y ex-compañeros de clase realizados en profesiones liberales variadas. Y que la actividad, cimentada sobre varias horas de sesiones para romper el hielo (la cursiva denota que es una cita literal extraída del horario oficial) es maravillosa.

 

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Se intuye pues que la ausencia de verano no supone, contra todo pronóstico, una desgracia similar a las siete plagas bíblicas si se tiene un trabajo estable. O si se tiene la opción de pasar las tardes y noches lluviosas en cama junto a un mocetón de presencia también estable.

P.D. Me ha quedado un poco sosillo. A ver si con esto lo adorno guay (sin audio se entiende perfectamente y da menos vergüenza ajena).

julio 13, 2014. Uncategorized. Deja un comentario.

Amor de primavera, para tocar mi naris en tu pesera

Cuenta la leyenda que en este país las mascotas están mejor consideradas que los hijos. Y es cierto, a no ser que sean gatos. Los ingleses están tan enamorados de los perros que desarrollan una relación de amor/odio con los gatos muy parecida a la que tendría el español medio con una vecina envidiosa, debido al carácter de mierda de los felinos que sólo encuentra rival en la hipócrita ironía británica. Supongo que con todo el tema de los michos contagiando la tuberculosis a sus dueños esta tendencia ha empeorado. Yo, por lo pronto, ya no me acerco tan amigablemente a intentar tocarlos mientras huyen, me ningunean o intentan agredirme. Les lanzo improperios desde lejos.

Me duele todo el cuerpo, incluso músculos de los que sólo me acuerdo una vez al año. Me sucede cada semana que vuelvo al gimnasio, semana que siempre me cuesta más que la anterior. Además ahora la presión es mucho mayor, porque el noviete este que me encontré -lo sé, ¡aún no me ha dejado!- es de riguroso ejercicio diario y eso siempre anima a cincelarse un poco o al menos a fingir que te importa. Pero claro, siempre hay que pararse a valorar si uno desea extrema delgadez y que le siente la ropa bien, a costa de tener carnes colganderas, o convertirse en un cruce entre mazorco y croissant y sacrificar la eternamente postergada pasión por la moda -primero por ser pobre, luego por ser fea, luego por descubrir que tienes un pésimo gusto para la indumentaria. Dramas y dilemas de la supervivencia diaria.

Al final, con cualquier cosa se es feliz. El italiano M hizo de las suyas y acudió a una de nuestras últimas citas con un creativo atuendo a medio camino entre el huérfano Oliver Twist y el obrero de los Village People. Cuando la vida te golpea con semejantes vicisitudes es inevitable preguntarse “¿para qué estamos en este mundo?” y terminar avergonzándote de tu propia frivolidad. Total, para abrir un poco más la mente si cabe y cogerle cariño a su originalidad y su indiferencia ante el qué dirán -no es eufemismo, creo.

En el trabajo estoy hasta contento a ratos. Mi supervisor lleva unos días diciéndome que tiene planeado amputarse el dedo meñique de la mano izquierda. Por lo visto se lo pilló en una ventana de guillotina hace unos meses y se lo tuvieron que arreglar con una placa metálica que lo enderezase, que sin embargo no consiguió devolverle la movilidad. Como el hombre es puro nervio y no para -el otro día me dijo que iba a incluir en el turno de noche la tarea de pasar el mocho por el bar del hotel, pero luego se arrepintió cuando vio que ni se notaría el cambio y que además tendría que lidiar con mi oscura frialdad si se atrevía-, se volvió a pillar el pobre dedito con la puerta del coche o con otra ventana de guillotina -no era la misma porque a la primera la sacrificaron después del incidente. El apéndice ya sólo quiere que acaben con su sufrimiento, claro, y él empatiza con su dedito. Pero de momento aún lo conserva.

Mi estupor inicial ante estas peripecias, lejos de desvanecerse, no hace más que consolidar la imagen de tío raro que tengo de él. Pero insisto en lo de que se le coge cariño, a pesar de todo. El caso es que últimamente ha ido desapareciendo dinero de la caja fuerte para volver a aparecer misteriosamente. Y volver a desaparecer. Nadie sabe qué demonios está pasando, y si lo saben callan como cobardes. El problema es que ahora todos desconfían de todos y la pobre jefa de recepción, que para más inri es nueva, se siente responsable y se sonroja y titubea entre aspavientos todo el rato cuando le comentas cualquier suceso. El jefe de noches, mi mánayer, sin embargo, hace gala de un admirable temple y se dedica a barajar hipótesis con nocturnidad, sin exculpar a nadie -excepto a mi- pero negándose a acusar hasta que no consiga pruebas. Esto que podría llevarme a la desesperación y a asaltar la nevera de vino del bar ha conseguido que me contagie del entusiasmo detectivesco y aventurero. Enid Blyton puede que haya tenido algo que ver también. Es cierto que probablemente no lleguemos a ninguna parte y el delincuente en cuestión no reciba su merecido castigo, pero no negaré que me divierten las pesquisas de madrugada. De momento los sospechosos son la jefa que titubea, un supervisor letón que odia a la jefa y su trabajo y se quiere ir a otro lado (¿venganza? ¿sabotaje?) y una supervisora perversa que a mi me ríe las gracias pero que parece disfrutar secretamente de humillar a los demás. ¿Qué haría Miss Marple? -me pregunto angustiado.

La inevitable conclusión es que todos los ingleses, sin excepción, están para que los aten. A los incrédulos los remitiré a una maravillosa noticia que he encontrado publicada esta mañana en un pintoresco diario local:

A mayor braved 1.000 degree temperatures to walk barefoot over red-hot coals. Mayor of Brighton and Hove Denise Cobb was first to set foot on the sizzling embers in support of the RSPCA Brighton and dog charity Helping Paws. An impressive £13,000 was raised to help abandoned and neglected dogs in Portugal and re-homed in England. Some 68 people bravely took part in the firewalk at Brighton.” Portada de Leader.

Sí, la alcaldesa de Brighton ha caminado sobre brasas encendidas para salvar a los perretes portugueses.

Juanete a la brasa

“Aieeeeh!”

abril 25, 2014. Uncategorized. Deja un comentario.

La Lola se va a los puertos

Inexorable e implacable el tiempo es. Parece que ha pasado una eternidad desde que abandoné los muebles, las sartenes y las toallas y cambié todo por huéspedes de hotel sin término medio, devoradores nocturnos de sandwiches de bree y cebolla, cacahuetes y croissants. Y el uniforme más feo que he vestido hasta la fecha. Ha sido duro.

En aquella terrible tienda de muebles fui muy feliz, para qué me voy a engañar. Me sentía inútil y desaprovechado, pero no había un día que no hablase inglés con gente de todos los acentos. Y hacía el imbécil con mis compañeros frívolas hasta la saciedad.


El hotel es otra historia. Con el temporal que asola estas tierras y la soledad del horario nocturno, la sensación al ir a trabajar es como la de estar recorriendo la carretera entre montañas que conduce al estremecedor Hotel Overlook. Y es que los hoteles tienen esta atmósfera un poco de no-lugar, o más bien de lugar artificial, como de recrear la calidez del hogar pero notándose un poco el atrezzo.

En estas condiciones, la gente con la que trabajo no podía ser normal. Claro, ¿cómo iban a serlo?. Existe un señor israelí de 64 años, casado con una mujer algo más joven que él -quizás uno de los motivos por los que admite en torno a los 56- y bastante más rica. Ambos veranean en Marbella y han puesto su casa aquí a la venta por 1.300.000 libras. Pero el hombre tiene más aspecto de camarero de tapería granadina, bajito, muy moreno, con la camisa abierta enseñando pelete, camiseta imperio y una cadena dorada. Una noche vino de la cocina del hotel y declaró haberse comido un ajo crudo para evitar infecciones de garganta. Le aconsejé que en el futuro se abstuviese de masticarlos, por el bien de todos. Incluído el suyo -le dio ardor-. Este hombre se pasa la noche traqueteando con su nuevo iPhone4G que no sabe usar, y me pregunta todo el rato. Hace poco le di instrucciones para borrar posts en el Facebook, que tampoco sirvieron de mucho porque se le olvidaron enseguida y me pasé media hora eliminando rastros de posts de señoritas que le habían ido felicitando sus cumpleaños en el muro, para desesperación y arrebato de celos de su señora esposa.

El otro es un señor alto y delgado, muy delgado. Tanto, que su rostro es bastante cadavérico. Me imaginé que sería constitución inglesa profunda, hasta que un día se arañó un dedo con una grapa y me instó a no tocar nada, porque su sangre “estaba enferma”. En seguida me vinieron a la cabeza los documentales sobre VIH y lipodistrofias diversas y me enternecí un poco. Evidentemente esto no está comprobado, nadie que yo conozca con VIH tiene ese aspecto y el tipo igual se refería a la hemofilia o alguna otra cosa relacionada con la sangre, pero ya creó la duda. Es un señor carismático, pero su afán por formarme, unido a un trastorno obsesivo-compulsivo moderado, raya en los límites de la desesperación. Cualquier comentario sobre cómo actuar en un caso concreto desemboca en un largo debate consigo mismo acerca del bien, el mal y la estupidez e incompetencia humanas -de los huéspedes y toda la plantilla del hotel- en el que termina por decirme que haga lo que quiera, que confía en mi criterio. Así, sin maldad pasivo-agresiva ni nada de eso. En la práctica, le sabe mal ser desagradable con los huéspedes así que tolera perversiones tales como tipiños recurriendo a los servicios de prostitutas y entrañables parejas de toxicómanos fumando crack en la habitación y pidiendo plátanos a las 3 de la mañana para equilibrar sus niveles de potasio. A estos no les funcionaba el teléfono y él les ofreció el suyo para llamar a “un amigo”; sospechando que se trataba de su camello y sintiéndose sucio y cómplice, me aseguró que entregaría el número a la policía por la mañana. Pero no sé si lo hizo, lo más probable es que no.

Sin embargo, ambos llevan 6 años trabajando en el turno de noche y eso vuelve majara a cualquiera. A mí me está dejando graves secuelas y trastornos del sueño y pronto terminaré dándome a la bebida, como en mis mejores días de desempleado. Pese a que el trabajo en sí me gusta y es tranquilo, estoy seguro de que no duraré más de 6 meses. Mi idea es ahorrar todo lo que pueda y en verano darme unos días para visitas y cutres intentos de entrar en los ciclos festivaleros veraniegos. Pero claro, basta que uno haga planes para que estos se tuerzan.

Precisamente andaba yo algo desquiciado con la baja calidad de los señores de la zona, hasta que conocí a otro italiano de los que parece que abundan por aquí. Sí, aquél al que le preparé unas migas. Este parecía normal tirando a timidillo, el típico adolescente con acné, gafas y pelo lacio que un día profesionaliza todos los conocimientos informáticos adquiridos en la oscuridad de su habitación y su vida empieza a cambiar hasta convertirse en un exuberante cisne. Por esta sencillez decidí que valía la pena vencer la pereza que empezaba a darme el género masculino de su país al completo, no sin antes prometerme a mí mismo que esta sería la última oportunidad que jamás le daría a un italiano de redimir a toda su estirpe. No negaré que estoy siendo tremendamente injusto con tan bonito imperio, pero es inevitable mantenerse alerta al mirar atrás y observar generaciones enteras de virginidades robadas mediante vanas lisonjas y corazones destrozados cuando se acaba el Erasmus. Pero bueno, que todo esto es palabrería ya porque me dejé llevar y vi que el mozo lo merece y estamos agustico. Contra todo pronóstico. Y me enseña italiano y yo a él castellano, claro que sí.

Me decía una buena amiga hace poco que me relacionase más con hipsters, pero no hago más que caer en otro tipo de redes. Este chico, con todas sus virtudes, me sorprende a diario con curiosos atuendos ni muy a la moda ni muy poco a la moda. Algo así en plan 2002. Lo cual me recuerda que este año (en 2 semanas) cumplo 29. Inexorable, implacable e incansable…


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marzo 13, 2014. Uncategorized. Deja un comentario.

Fresh Bananas

¡Se acabó lo que se daba! Quedan pocos días para la clausura del último negocio que he ayudado a hundir, y el ambiente se llena últimamente de emociones a flor de piel, pasiones desatadas, sentimientos encontrados y clientas carroñeras ávidas de oportunidades del hogar. Supongo que aún es pronto para llorar, pero no para empezar a abandonar el barco como ratas enfurecidas. La irlandesa mala gritaba de alegría hace poco para que todos la oyéramos cuando la llamaron para ofrecerle trabajo no sé dónde. Los demás cuchicheamos en plan bitches sobre este y otros menesteres. Hace poco nos enteramos de que podría haber sido una superestrella del baloncesto femenino si sus padres no se hubieran negado a aceptar la beca que la habría llevado a estudiar y jugar en los USA; el conflicto generacional nunca ha sido superado y la moza, acaso por venganza, frustración o por ambos, se vio inmersa en una vorágine de fracaso escolar y alcohol barato.

Sin embargo, la palma se la llevó el suceso acaecido precisamente el día antes de mi despedida. Veréis. Hacía cerca de una semana que dos gañanes de una empresa de trabajo temporal empezaron a trabajar en la tienda. A diario, estos muchachos hijos de padres de la misma sangre se afanaban en montar muebles y limpiar los detritos del lugar, sin mayor problema que sus rostros desfigurados por la crueldad de la genética y el acre olor a ingle que inundaba la sala de descanso del personal. Tanta tranquilidad no era sinó un aviso de la inminencia de la catástrofe.

El caso es que el jueves -la maldad nunca descansa en jueves- la jefa, los deputies y la supervisor se fueron a hacer un cursillo de formación en búsqueda de empleo, ofertado por la empresa como compensación por mandarnos a la puta calle -yo tenía derecho al mismo hasta que encontré trabajo y dejaron de considerarme una víctima- y nos dejaron al cargo a mi y a un señor con gran vida interior que escribe en fanzines musicales y se edita sus propias novelas. Los demás eran todos bastante nuevos en la empresa o producto de la siempre sórdida endogamia, excepto una fémina que vino desde otra tienda del mismo grupo como refuerzo.

En el momento en que el escritor se tomó la pausa para comer, la tienda se llenó de clientes y proveedores de servicios, coyuntura que aprovechó uno de los temporales para apropiarse de las llaves del coche y una tarjeta de crédito de la bella joven que estaba de paso y largarse echando leches. Minutos después varios policías que parecían salidos de una película porno gay se lo llevaban esposado de la tienda, a la que volvió en un intento de hacerse el longuis y alejar la sospecha de su persona. Más tarde me enteré de que tenía antecedentes por allanamiento de moradas. También se ve que se estaba dejando crecer el pelo para venderlo a un fabricante de pelucas.

Pero estas anécdotas ya forman parte del pasado. De momento he hecho tres entrevistas de trabajo en busca de una vida mejor: la primera para el Pull&Bear de aquí, que lo acaban de abrir y nadie lo conoce excepto los españoles así que de momento es una tienducha ambiciosa toda decorada con troncos y leña, muy rústico todo. No trabajaré allí, pero al menos me compré mis primeros pitillos -ya era hora. Una francesa muy cordial y una española que parecía Elsa Pataky con sobredosis me asaetearon a preguntas que respondí con demasiado nervio y franqueza tal vez. Total para me descartaran con palabras del tipo supersuccessful y we loved you y una explicación ante tal antítesis que se perdió en la traducción -curiosamente, escuchada de la boca de la española y su acentaco macarrónico.

También tuve otra en una especie de almacenes medianos que desde fuera parecen una charity pobre, pero cuando entras descubres que son como unos ultramarinos con ropa, de tantas cosas que venden -mi tienda es como un ultramarinos con muebles. Me han entrevistado hoy en un Pub que se llama HOTEL DEL VINO, en una sala enorme con una técnica de recursos humanos en cada uno de los cuatro rincones oculta por un biombo. A la mía le he hecho unos cuantas bromas pero no se ha reído. La francesa sí que me las reía, la española no.

La última ha sido en un hotel del dique comercial del pueblo, llamado Marina. Por lo visto soy el nuevo portero de noche del lugar. Adiós, sol. Esto lo encontré a través de otro polaco trepador de los que abundan en la zona, que al principio parecía algo rarete pero luego fuimos a un McDonalds para celebrarlo y mostró algo más de sangre. La verdad es que me da un poco de miedo todo el asunto de acostumbrarme a dormir de día, pero el sueldo y las horas valen la pena. El problema será dormir con la familia entera pululando por la casa a cualquier hora haciendo ruidos y profiriendo grititos.

A la madre la tengo en gran estima, especialmente tras comprobar lo rompecorazones que es y lo atractivos que son los maromos que han pasado por su vida. Todavía tenemos conversaciones de tú a tú en plan amigas algunas noches, aunque me sigue tocando la moral que me robe la leche como si nada.

enero 19, 2014. Actualitat, Uncategorized, Vintás. Deja un comentario.

Soy VENENO pa tu piel

Nos cierran el chiringuito. El edificio de mi tienda se cae a pedazos -literalmente, el recubrimiento del techo del desván se desprendió, seguramente debido a filtraciones por goteras y a lo vetusto de la construcción-, así que lo echan bajo y la tienda se traslada. ¿Dónde? Os preguntaréis. Pues nadie lo sabe, porque aún no han encontrado un lugar apropiado para reubicarnos. Así que a finales de enero se clausura el recinto. Los más afortunados trabajarán en otro establecimiento del mismo grupo, pero no en Brighton. Máximo 4 semanas con el desplazamiento a costa de la empresa. Luego, muy amablemente nos enviarán a freír espárragos hasta que reabran -lo que podría suceder al día siguiente o 6 meses después. Party!

Es una pena, porque empezaba a notarme bastante agusto y a encontrar un notable equilibrio entre la marcialidad profesional y la jacaranda disparatada. Mi compañera bizca que se parece a Liz Taylor y yo cantamos y bailamos todo el día y a los clientes, en vez de decirles “Would you like a bag?” les espetamos “Chewbacca bag?” y ellos tan felices. Nosotros más, claro, pues nos entra la risa floja del que disfruta haciendo el mal.

En el amigo invisible me ha tocado el deputy majo, así que le regalaré tonterías para que se ría y alguna fruslería útil para que no dé el viaje por perdido. Hemos cogido confianza rápido: ya me invita a salir de party y a su cumpleaños y todo, de tantas horas que compartimos juntos. Con motivo de las navidades se sacan de la manga sus buenos customer evenings y cerramos 2 horas tarde, montando un concurso de “adivina cuantas gominolas hay en el bote y si aciertas te las llevas” y agasajando a propios y extraños con varios vinos puros y de sabores y algunos aperitivos. Por descontado, al clausurar el sitio el primer día llevábamos alguna que otra copa en el cuerpo.

Con estas volvía a casa un rato después, donde la casera cañón se disculpó conmigo por los sucesos de la mañana, puesto que tenía que cortarme el pelo pero se entretuvo haciéndole carantoñas al noviete hasta que terminaron en la cama. Yo ya me lo imaginaba, así que no le guardé más rencor de lo normal. Por lo que me dijo luego, se estuvieron amando fuerte todo el día y no hicieron nada de provecho real. Eso sí, se les ha quedó una piel maravillosa. Yo he decidido acostumbrarme un poco a mi moñera.

Monica! Feliz Hanukah!

Monica! Feliz Hanukah!

Hoy, de nuevo me los he encontrado desparramados en la alfombra del salón, medio desabrochados y con la ropa no queriéndoseles quedar puesta. Ella me escrutaba con sonrisa borracha de sidra y él mantenía la mirada perdida en su propia estulticia balcana, supongo que convencido de que de este modo ocultaría su evidente erección. Todo ello me ha recordado a la fiesta de cumpleaños de ella, en la que a partir de la mitad de la velada se pasaron el rato abrazados y mirándose muy fijamente, enamorados como adolescentes. La escena incluía besos y tocamientos.

Al lado de tanto culebreo, mi nueva amiga recién llegada me contaba el drama que supone entrar en tratos con la frialdad de las suecas. Esta chica acarrea montones de curiosas vivencias que siempre amenizan las reuniones de adultos. Sin ir más lejos, el otro día nos explicó a su amiga rumana y a mí los pormenores de las visitas de su padre a sitios XXX. Lo que más la inquieta es que algunos de estos sitios contienen cosas de trans y travestís. Le hemos dicho que seguro que es curiosidad sólamente, pero la asiduidad y la frecuencia de conexión parecen indicar lo contrario. También los virus informáticos, que se multiplican por doquier.


Pero no le culpo. Cualquier excusa es buena en el descorazonador viaje en busca del calor humano. O acaso unos vestigios. Cierto es que el hombre está casado con su esposa, pero algo le faltará que se ve obligado a suplir así. Más triste es lo mío, que me emociono cuando las clientas bonitas -las que se duchan- me pasan candelabros para que se los pase por caja y descubro que están calentitos de haberlos tenido agarrados.

diciembre 12, 2013. Uncategorized. Deja un comentario.

Esa cosa que tienes en la mano / es mi pilila, es mi pilila / esa cosa que tienes en la boca / es mi pilila, es mi pilila

Ya he vuelto al hogar.

Cuando mi jefa de 1’90m me reprendió dulcemente por mi constante falta de puntualidad un escalofrío me recorrió la espalda. Un gesto tan simple me ensombreció la mañana y me recordó, una vez más, que por vano y subsidiario que pueda ser un trabajo no puede uno confiarse y creerse por encima. Por desgracia, la humildad es mucho más fácil de comprender en la teoría que de aplicar. Yo asentí mientras me sonrojaba y abandoné la oficina como alma que lleva el diablo, consciente de que mi cabeza, que seguía en Sitges, no me fue de mucha ayuda a la hora de dar a esta empresa el valor que tiene.

Y es que me han sucedido muchas cosas, a mí, que ya me veía aletargado entre los muebles, los utensilios de cocina y las decoraciones navideñas que gestiono, por no mencionar las ganas de pasar el rato bajo techo y a salvo de los chubascos que asolan la Gran Bretaña y mis esperanzas. Por lo pronto, en Sitges me enamoré unas cuantas veces, aunque de ellas sólo tres sirven para destacar en un diario íntimo o un blog aún más íntimo, sin llegar -desafortunadamente- a los niveles creativos y de experiencia de michochosinti. Y es que ninguno de esos tres romances en potencia llegó a convertirse en nada más, abocados al fracaso como estuvieron desde el principio.

Vamos, que entre las miradas llenas de confusos deseos, los zarandeos tocones y los besos furtivos con sabor a gintonic anula-voluntades huelga decir que, como de costumbre, la coyuntura prometía mucho más de lo que terminó sucediendo. Y en el fondo se agradece, porque eso de que te conozcan por yacer con invitados o destruir hogares sólidos te deja un regusto en la boca bien agridulce. Por lo que respecta a lo profesional, me encantó mi trabajo, pero fui consciente de que no representa un reto demasiado grande. El año que viene igual intento mear más alto y todo. Al menos conocí a Terry Gilliam y a Carlos Areces -analogías varias se podrían hacer aquí.

No obstante, ahora me toca hacer como si nada hubiera pasado y volver a la rutina y a la ingratitud de los hombres británicos, que ya casi se me habían olvidado. Bueno, de los hombres y de las mujeres. A mi regreso, la casera seguía en Serbia de aventuras, pero sólamente habiéndose llevado consigo al hijo pequeño. La adolescente permanecía aquí, con el añadido de sus vacaciones sacadas de la manga, con lo cuál se dedicó a montar parties ruidosas con sus amigos. La odié un poco cuando me informó de todo esto, algo arrogante y en absoluto buscando mi permiso. Me limité a mirarla con condescendencia y asegurarle que no pasaba nada, aunque no me hace ni puta gracia si tengo que trabajar al día siguiente.

Pero bueno, un grupo de quinceañeros tardíos que se emborrachan y me miran con miedo no representan mayor peligro, sobretodo cuando al final resulta que son un poco losers. La noche que más prometía desparrame y policías aporreando la puerta terminó deviniendo en calma chicha. Cuando subí a la cocina a hacerme un nesquik me los encontré a todos allí, en plan marabunta. Oliendo a sobaca mora y preparándose unas aburridas tacitas de té.

En el fondo les envidio, porque al menos ellos festejan y ya es más de lo que hago yo. No es que no planee cosas, que ya planeo, pero por algún motivo los planes más seductores se me tumban muy fácilmente, varias veces además. Hoy íbamos a ver pelis de John Waters unos del trabajo y yo, la supervisor y el deputy manager; yo ya casi lloraba de la emoción. Pero luego ha llamado otra del curro que se ve que tiene problemas y necesitaba cariños de mi deputy, que son bestfriendsforever.

No me sorprende, porque la mujer es así oscura y se ríe todo el rato y eso siempre es síntoma de ocultar lo malo tras una fachada de euforia desmedida constante -lo he leído en la Psychologies que guarda mi casera en el WC. La mujer irlandesa a la que no estiman demasiado me ha dicho que se ve que le gusta empinar el codo. Me ha dicho más cosas pero no he entendido nada, como de costumbre.

Por lo menos, el sábado siguiente hubo festejo de Halloween y de cumpleaños de uno del trabajo, que me honró invitándome. Yo le honré a él disfrazándome de yo pariéndome a mí mismo, que es un conjunto efectivo y no implica vestirse demasiado mal, a la par que te permite ligar y eso, por la normalidad aparente y porque siempre da que hablar.

Con desconocida cualquiera con copa de vino / me vale

El milagro de la vida

Al final hablé con muchos desconocidos a los que he olvidado ya, incluídas unas chicas que me pegaron y yo les pegué a ellas. Y poco más.


La vida continúa, que ya es mucho.

noviembre 12, 2013. Uncategorized. Deja un comentario.

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