Vicisitudes & inquietudes

Mi casera se ha ido a Serbia en coche. Es muy valiente. Por lo visto estará allí durante tres semanas, olvidándose de las preocupaciones mundanas, la electricidad y otras agonías de la vida moderna porque su novio posee una granja en medio de la nada. Mientras tanto, su cama está siendo vilmente profanada por dos adolescentes en celo. Y lo peor es que ni siquiera es la descarriada de su hija. Yo pensaba que sí, pero en un momento dado he ido a mear y he escuchado voces en el jardín. Sagaz entre la cristalera de colores la he avistado, tranquilamente charlando con su ex-novio depresivo que ahora son amigas y ya todo bien.

Lo más perverso de todo es que ella siempre se rodea de chicos y de una chica negra prognata que viene a veces, así que me imagino que se trata de esta última y alguno de los chiquillos con olor a sobaco con los que se reúne algunas tardes para tomar té y hablar de Jazz y literatura. O a lo mejor sólo estaban jugando a la Wii, que también podría ser. Además ahora le ha dado por los festivales, lo cuál sería una buena noticia si no fuera porque les deja las llaves de la casa a la basca para que le alimenten al perro y se despatarren a no hacer nada lejos de sus familias. Me he mostrado todo lo enérgicamente disconforme que he sido capaz de fingir, así que me ha prometido que no festejarán ni la liarán y que no dormirán en casa. Después me ha dado su teléfono y el de la negra prognata por si hubiere contratiempos.

Me da muchísima envidia la iaputa. Juventud divino tesoro, veranos sin fín y pieles quemadas por el sol. Al menos esto último sí que lo tengo puesto que enrojecí un poco el otro día en la jornada deportiva/picnic que hicimos en el trabajo (extravagancia totalmente remunerada). Como es menester, mi equipo quedó último en casi todas las pruebas, menos una que era una carrera de llevar una patata en una cuchara en la que nos alzamos con el segundo puesto. Yo hice mi debut con una prueba de relevos en la que no me enteré bien del funcionamiento por haberle dado al vino a base de bien durante la comida, con un pésimo resultado en el que figuré por debajo incluso de las inglesas gordas.

Después nos hicimos fotos y los franceses descamisados se pusieron a regar con agua a los ganadores, menos a una que corría con aspavientos muy graciosos y pudo escapar. A pesar de salir indemne de la orgía acuática, el miedo y la adrenalina la condujeron a pillar un balde lleno de agua y a lanzarlo contra nuestro equipo cuando nos hacían la foto. Tan cegada estaba por el arrebato que en vez de dirigir el chorro hacia sus verdugos, se limitó a abalanzarse sobre el grupo como un animal. El agua en su totalidad se derramó sobre una pobre chica alemana pálida y con tendencia a vestir el negro cuya timidez la había empujado a situarse en el extremo. Me dio un poco de pena porque se esforzó mucho durante la carrera de cuchara con patata. Además lleva gafas. Todos la consolamos mientras reflexionábamos acerca de la ausencia de justicia en el mundo.

Tetas bañadas en chocolate

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Taste of Purity (el sabor de Purita)

julio 23, 2014. Uncategorized. Deja un comentario.

Cuando llega el calor los chinos se enamoran

Veranos que saben a otoño lluvioso y que han de convertirse en norma y costumbre. Punzada de dolor que recibe servidor cada vez que el espesor de una nube crece exponencialmente y le recuerda este dato. Y eso no es lo peor. Lo peor es que quejarse de la meteorología todo el rato es un síntoma irremediable de haber sucumbido al carácter británico -además, sin relacionarme casi nunca con autóctonos.

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No obstante, y lejos de poseer argumentos para el lamento, la vida sigue su curso con vientos y corrientes favorables. A riesgo de parecer pretenciosamente profundo me atreveré a proyectar algo de luz en la sempiterna oscuridad que tradicionalmente ha venido poblando mis perspectivas. Luego si eso ya hablaré de frívolas fruslerías y agridulces chascarrillos.

La ocasión lo merece, y es que he puesto fin a casi seis meses de tormento nocturno. Seis meses que me pasé casi en su totalidad enviando currículos como loco, consciente de que mi salud física y mental dependía de escapar de aquella lúgubre recepción de hotel a la mínima oportunidad que tuviese. Algunas tardes, cuando me despertaba tras una ajetreada noche, me daba cosa ir a la cocina porque podía escuchar al señor que le da clases al hijo, que habla demasiado alto y muy rápido. Ya sé que es su manera de enfocar la educación de un niño con problemas de atención, pero claro, a parte de que no me gusta la gente, no puedo evitar tener la sensación de que su incesante y exagerado parloteo no es más que su forma de soslayar la idea del vacío de la existencia. Supongo que tampoco ayuda si se sienten a repasar geometría de forma que bloquean la nevera y no me dejen acceder al jamón.

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A lo que iba. Que la ocasión la pintan calva. Así que me he ido.

 The Rocky Horror Picture Show (1975)

Sería injusto, no obstante, decir que absolutamente todo fue desagradable. Verdaderos personajes que fácilmente trabarían amistad con Jack Torrance en el inframundo pueblan mis recuerdos, ya antojándoseme lejanos y protagonistas de aventuras del pasado. Eso siempre crea historietas y universos imaginarios la mar de entretenidos.

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Justo antes de volver a la soleada Barcelona por vacaciones -maná, elixir de vida, dormir a pierna suelta- mi jefe escuálido encontró una foto de uno de los recepcionistas en el ordenador de recepción. Se la había hecho él mismo frente a un espejo, teléfono en mano y con el gracioso descuido de no lucir ropa de cintura para arriba. El jefecillo, que es un hombre íntegro y muy marcial pero también bastante hijaputa la dejó en el escritorio para que todos disfrutásemos de sus tetillas de Letonia y su peinado de choni del Este. Esto no tuvo mayores consecuencias, pero no deja de ser curioso que el pobre infeliz me anunciase poco tiempo después que tenía planeado triunfar en el mundo de la moda. Claramente ignorante del significado de aprender de los errores propios me mostró dos instantáneas, esta vez tomadas en un estudio: una en blanco y negro bastante aceptable en la que se le intuía algo de atractivo y otra en color con sombrero vaquero y camisa a cuadros abierta que me recordó a cualquier película para adultos invertidos hecha más allá de Hungría.

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Me entraron ganas de decirle que se acordase de acudir a los castings dilatado de casa, pero me contuve.

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Se le veía ilusionado.

Otras anécdotas incluyen un recepcionista que camina como la Pantoja, huéspedes saudíes que se alimentaban sólo a base de queso “La Vaca que ríe” y una jefa financiera que sorprendió a su marido con una fiesta sorpresa en la que se bebió hasta el agua de los radiadores, tras lo cuál se afanó en hacer el mal, que básicamente consistió en robar los pollos del cátering. Así que no les guardo rencor, por que fueron majos hasta decir basta y me dieron vacaciones aún sabiendo que me iba. Pero tuve que salir corriendo.

Y ¿a dónde? os preguntaréis los ávidos de información y los saturados de tanto circunloquio. Pues a Disney, claro que sí. Y no, no a una tienda ni a Disneyland París. A Disney Interactive Studios. Oficinas con sillas, ordenadores, teléfonos, ciudadanos de la Unión Europea, videoconsolas y luz del día. Cuando volví a casa después del primer día, muerto de sueño del jetlags, no se me ocurrió otra cosa que actualizar mi linkedin para que a todos mis contactos les enviasen el mail de congratulate Jordi. Esto que de entrada puede parecer una actitud reprobable y muy atribuible a un gilipollas de mierda -de hecho lo es- no era más que un pequeño reflejo de las lágrimas de alegría que inundaban mis ojos y salaban mis mejillas ante la novedad de tener un trabajo duradero que no me avergonzase admitir ante hipsters con prejuicios y ex-compañeros de clase realizados en profesiones liberales variadas. Y que la actividad, cimentada sobre varias horas de sesiones para romper el hielo (la cursiva denota que es una cita literal extraída del horario oficial) es maravillosa.

 

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Se intuye pues que la ausencia de verano no supone, contra todo pronóstico, una desgracia similar a las siete plagas bíblicas si se tiene un trabajo estable. O si se tiene la opción de pasar las tardes y noches lluviosas en cama junto a un mocetón de presencia también estable.

P.D. Me ha quedado un poco sosillo. A ver si con esto lo adorno guay (sin audio se entiende perfectamente y da menos vergüenza ajena).

julio 13, 2014. Uncategorized. Deja un comentario.