La Lola se va a los puertos

Inexorable e implacable el tiempo es. Parece que ha pasado una eternidad desde que abandoné los muebles, las sartenes y las toallas y cambié todo por huéspedes de hotel sin término medio, devoradores nocturnos de sandwiches de bree y cebolla, cacahuetes y croissants. Y el uniforme más feo que he vestido hasta la fecha. Ha sido duro.

En aquella terrible tienda de muebles fui muy feliz, para qué me voy a engañar. Me sentía inútil y desaprovechado, pero no había un día que no hablase inglés con gente de todos los acentos. Y hacía el imbécil con mis compañeros frívolas hasta la saciedad.


El hotel es otra historia. Con el temporal que asola estas tierras y la soledad del horario nocturno, la sensación al ir a trabajar es como la de estar recorriendo la carretera entre montañas que conduce al estremecedor Hotel Overlook. Y es que los hoteles tienen esta atmósfera un poco de no-lugar, o más bien de lugar artificial, como de recrear la calidez del hogar pero notándose un poco el atrezzo.

En estas condiciones, la gente con la que trabajo no podía ser normal. Claro, ¿cómo iban a serlo?. Existe un señor israelí de 64 años, casado con una mujer algo más joven que él -quizás uno de los motivos por los que admite en torno a los 56- y bastante más rica. Ambos veranean en Marbella y han puesto su casa aquí a la venta por 1.300.000 libras. Pero el hombre tiene más aspecto de camarero de tapería granadina, bajito, muy moreno, con la camisa abierta enseñando pelete, camiseta imperio y una cadena dorada. Una noche vino de la cocina del hotel y declaró haberse comido un ajo crudo para evitar infecciones de garganta. Le aconsejé que en el futuro se abstuviese de masticarlos, por el bien de todos. Incluído el suyo -le dio ardor-. Este hombre se pasa la noche traqueteando con su nuevo iPhone4G que no sabe usar, y me pregunta todo el rato. Hace poco le di instrucciones para borrar posts en el Facebook, que tampoco sirvieron de mucho porque se le olvidaron enseguida y me pasé media hora eliminando rastros de posts de señoritas que le habían ido felicitando sus cumpleaños en el muro, para desesperación y arrebato de celos de su señora esposa.

El otro es un señor alto y delgado, muy delgado. Tanto, que su rostro es bastante cadavérico. Me imaginé que sería constitución inglesa profunda, hasta que un día se arañó un dedo con una grapa y me instó a no tocar nada, porque su sangre “estaba enferma”. En seguida me vinieron a la cabeza los documentales sobre VIH y lipodistrofias diversas y me enternecí un poco. Evidentemente esto no está comprobado, nadie que yo conozca con VIH tiene ese aspecto y el tipo igual se refería a la hemofilia o alguna otra cosa relacionada con la sangre, pero ya creó la duda. Es un señor carismático, pero su afán por formarme, unido a un trastorno obsesivo-compulsivo moderado, raya en los límites de la desesperación. Cualquier comentario sobre cómo actuar en un caso concreto desemboca en un largo debate consigo mismo acerca del bien, el mal y la estupidez e incompetencia humanas -de los huéspedes y toda la plantilla del hotel- en el que termina por decirme que haga lo que quiera, que confía en mi criterio. Así, sin maldad pasivo-agresiva ni nada de eso. En la práctica, le sabe mal ser desagradable con los huéspedes así que tolera perversiones tales como tipiños recurriendo a los servicios de prostitutas y entrañables parejas de toxicómanos fumando crack en la habitación y pidiendo plátanos a las 3 de la mañana para equilibrar sus niveles de potasio. A estos no les funcionaba el teléfono y él les ofreció el suyo para llamar a “un amigo”; sospechando que se trataba de su camello y sintiéndose sucio y cómplice, me aseguró que entregaría el número a la policía por la mañana. Pero no sé si lo hizo, lo más probable es que no.

Sin embargo, ambos llevan 6 años trabajando en el turno de noche y eso vuelve majara a cualquiera. A mí me está dejando graves secuelas y trastornos del sueño y pronto terminaré dándome a la bebida, como en mis mejores días de desempleado. Pese a que el trabajo en sí me gusta y es tranquilo, estoy seguro de que no duraré más de 6 meses. Mi idea es ahorrar todo lo que pueda y en verano darme unos días para visitas y cutres intentos de entrar en los ciclos festivaleros veraniegos. Pero claro, basta que uno haga planes para que estos se tuerzan.

Precisamente andaba yo algo desquiciado con la baja calidad de los señores de la zona, hasta que conocí a otro italiano de los que parece que abundan por aquí. Sí, aquél al que le preparé unas migas. Este parecía normal tirando a timidillo, el típico adolescente con acné, gafas y pelo lacio que un día profesionaliza todos los conocimientos informáticos adquiridos en la oscuridad de su habitación y su vida empieza a cambiar hasta convertirse en un exuberante cisne. Por esta sencillez decidí que valía la pena vencer la pereza que empezaba a darme el género masculino de su país al completo, no sin antes prometerme a mí mismo que esta sería la última oportunidad que jamás le daría a un italiano de redimir a toda su estirpe. No negaré que estoy siendo tremendamente injusto con tan bonito imperio, pero es inevitable mantenerse alerta al mirar atrás y observar generaciones enteras de virginidades robadas mediante vanas lisonjas y corazones destrozados cuando se acaba el Erasmus. Pero bueno, que todo esto es palabrería ya porque me dejé llevar y vi que el mozo lo merece y estamos agustico. Contra todo pronóstico. Y me enseña italiano y yo a él castellano, claro que sí.

Me decía una buena amiga hace poco que me relacionase más con hipsters, pero no hago más que caer en otro tipo de redes. Este chico, con todas sus virtudes, me sorprende a diario con curiosos atuendos ni muy a la moda ni muy poco a la moda. Algo así en plan 2002. Lo cual me recuerda que este año (en 2 semanas) cumplo 29. Inexorable, implacable e incansable…


The Theories-Of Facebook Page just hit 10,000 fans who enjoy their daily share of art, funnies and music. join in> you’ll instantly regret it.

)

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marzo 13, 2014. Uncategorized.

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