La vida virtual

Poco se había hablado hasta ahora de los síndromes a los que solían enfrentarse aquellos que poseen las habilidades sociales de una patata frita. Seres desterrados de la vida pública por sus peculiaridades intrínsecas se vieron obligados a crear submundos que no los rechazasen de entrada. Estos pequeños comités fueron ganando adeptos y, con la llegada de Internet, las comunidades de raros alcanzaron incluso al último miembro potencial del más perdido pueblo del interior de Cuenca.

Adorables monstruitos

Adorables monstruitos

En referencia al lado más amable de este sector, el que resurge de sus cenizas cual ave fénix, el que supera sus miedos y olvida ansias propias del parricida de la catana de Murcia, lo cierto es que en un momento dado acabaron formando su propia sociedad paralela. Entrar en valoraciones sobre la calidad de estas relaciones basadas en Internet -ya sean entre emos, religiosos, homosexuales reprimidos, informáticos, amantes de la jota aragonesa o la suma de todos los anteriores- ya no resulta tan fascinante, puesto que las condiciones de anonimato y amplias libertades que otorga la red pueden devenir en perversa adicción.

You are beautiful!

You are beautiful!

 En cualquier caso, conocer gente con afinidades, encontrar apoyo en la bondad de los desconocidos o procurarse mera compañía carnal jamás había sido tan fácil. Y con el auge de las redes sociales esta tendencia no parece dispuesta a desaparecer así como así: gente que antes no se conocía de nada se reúne asiduamente en plazas de Madrid, con fastuosos disfraces de ‘La guerra de las galaxias’, sables láser incluidos; fetichistas de muy variado signo propician encuentros que responden a fantasías dignas de la imaginación del Marqués de Sade. Al exteriorizar aquello que nos hace diferentes hemos acabado por normalizarlo e incluso premiarlo. Ser raro ya no es ningún crimen.

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mayo 23, 2011. Etiquetas: . Uncategorized. Deja un comentario.